DESPERATE HOUSEWIVES (la escuela)

Por Ágata Székely (Publicado en Día Siete de México y GATAFLORA de Argentina)

En un rincón de la ciudad de México jóvenes féminas toman un curso para ser cónyuges perfectas. Según el programa, el secreto del matrimonio feliz está en las manos de ella: agujas, hilos, sartenes y flores frescas son las herramientas. También algunos consejos, como no hablar mal de un presidente, no elegir un comunista por marido y no usar turquesas en invierno. Postales de un par de clases.


Ellas tienen un tallarín recién hecho entre los dedos y le miran el centro, para verificar el blanco interno minúsculo que indica que está al dente. Lo miran con atención y se lo pasan. La mayoría de ellas tiene poco más de veinte años aunque un par pasa los treinta. Otros días, va el grupo adolescente (niñas de trece a dieciocho). A esas les cuesta más concentrarse, aprender. Es la ciudad de México, Distrito Federal, y es un jueves del siglo veintiuno. Es una casa de la residencial colonia elegante ABC1 Jardines del Pedregal, en el sur del ciudad. Es la escuela para esposas de Tota Topete. Es la última de tres horas y media de clase, el módulo culinario. Antes hubo Costura –como hacer un ojal, como poner una presilla-, arreglos florales –como poner flores en un florero redondo, y en uno ovalado- e Imagen – como hacer que digan “que bonita te ves y no que bonito es tu suéter”.

Tota Topete es madre, abuela y técnica en educación familiar, carrera que ya no existe. Da clases a mujeres sobre como llevar un matrimonio feliz y ser “completas” y “perfectas”, desde hace más de 40 años. Los cursos están repletos y siempre hay lista de espera. La fórmula de la felicidad parece ser la misma que cuatro décadas atrás: “El hombre se casa con la ilusión de que la mujer le cocine, y las primeras desilusiones, problemas y dificultades, vienen al ver que ellas no saben hacer nada -declara, y continúa “Los hombres son mejores cocineros que las mujeres, claro, pero no les toca. Ahora dicen que todo lo deberíamos de hacer iguales. Pero yo creo que no. Dios nos hizo diferentes para algo. El ideal de este curso es que el matrimonio nunca termine. Porque eso es lo que les enseño, a que hagan felices al esposo y él las valore y sepa agradecer el que ellas sean amas de casa perfectas.”

Tota Topete divide su curso en varias materias, según ella, indispensables en el noviazgo que apunta al matrimonio: lavar, planchar, almidonar, usar el lavarropas, la secadora, forman parte de la asignatura economía doméstica; cómo poner la mesa, de que lado se sirve, de que lado se recoge, los arreglitos de flores, cómo poner servilletas bonitas, son cosas que se aprenden en etiqueta social: una herramienta para “subir el nivel”, porque “no se sabe si el hombre va a ir al Senado, si será diplomático, o trabajará en la ONU, y hay que estar preparada para todo”.
¿Cuándo se hizo necesario que las mujeres tomaran clases para ser buenas esposas? “Cuando las chicas empezaron a ver la necesidad de estudiar tanto”-opina Tota- y cuando todas estas artes domésticas dejaron de enseñarse en el colegio “A fuerzas tenemos que saber computación todos, pero una clase de cocina vendría muy bien y una de costura, también”.
Las alumnas están de acuerdo y observan a su maestra con atención cuando dibuja un círculo (que hace las veces de florero visto desde arriba) en la pizarra y lo divide en cuatro para colocar las flores en forma simétrica “Si ustedes no saben hacer esto no saben hacer nada”-dice Tota. Una de las estudiantes, rubia y maestra jardinera, se acerca y le toma fotos al procedimiento con su cámara digital. Las enseñanzas de la sección floral se imparten por unos sesenta minutos.

También hay teoría. Tota da a cada una de las integrantes de la escuela una carpeta pesada, que, además de dibujos de servilletas posibles y distribución de copas, tenedores y cuchillos de todo tipo y factor, muestra las claves básicas para encarar la relación entre hombre y mujer, y el matrimonio. Hojéandola, se puede leer: “Inconvenientes en la elección del esposo: un hombre vicioso, de diferente educación, cultura, posición social, nacionalidad o raza. Errores del matrimonio: maniquerismo, protestantismo, materialismo, positivismo y comunismo” (cuadros sinópticos de la sección de Formación familiar) y otros consejos en el área Superación: “NO hables mal de un país, de un presidente, de una persona pública, esto te compromete”.

Luz y Rosa María, ambas de 22, ambas recién graduadas en “Administración Internacional” se casarán a fin de año y hablan de cómo serán sus centros de mesa. Ambas también, decidieron tomar el curso “Porque no sabían hacer nada”. Myriam tiene 32, es médica, se dedica a la investigación, no piensa casarse pero cree que necesita el curso para ser “una mujer completa”. Myriam, mientras cose un ojal en un cuadradito de tela, dice que prefiere que no le tomen fotos.
“Todas son universitarias o van a estudiar carrera, pero comprenden que si no llevan bien su hogar algo va a cojear, algo va a estar mal –explica la señora Topete. Si aprenden todas estas técnicas va a ser más fácil que no sufran diciendo qué difícil es el matrimonio, muchas veces no lo es, sino es que no saben pegar un botón, no saben subir un dobladillo, hacer arroz, hacer una salsita verde rica ... Si tu rápidamente remiendas tu dobladillo, todo va sobre ruedas, las cosas van bien.”

La clase continúa en la sección “Imagen”. Ahora hay revuelo, se habla de moda, de joyas posibles e imposibles. ¿Eres primavera, otoño, verano o invierno? Se es una estación del año determinada según el color del pelo y de la piel. Tota indica las páginas de la carpeta que se deberán leer como tarea. Las joyas doradas están prohibidas para las invierno. Una imagen de la reina británica Isabel II es utilizada como ejemplo de una mujer que suele llevar joyería impresionante pero no excesiva. De allí se pasa a la sección cocina, donde las doncellas aprenderán a hacer spaguettis y sopa de pescado.

Tota se instala tras la mesa como si fuera a dar clases por TV. Detrás, de fondo, la secunda el servicio doméstico, dos niñas que lavan, pican y le sacan la carne al hueso. “La mujer tiene que saber hacer las cosas para mandar –sentencia- Ese es un secreto maravilloso. Si no, no puede exigir y le toman a uno el pelo muy fuerte.
Tota muestra un tupper con verduras congeladas:“Esto es un ajo, un poro, un apio...” Las alumnas apuntan en sus cuadernos, y no se mueven de sus sillas.
La cocina es el ámbito propicio para el chusmerío cómplice, y para charlar. Ahora el tema es la bibliografía del curso. Hay tres libros principales: Las tres etapas del matrimonio, de Guillermo Ortiz, Femineidad fascinante, de Helen Andelin, y la Mujer Total de Marabel Morgan (ver recuadro). A Laila casada hace ocho meses, “Femineidad..”, le pareció exagerado:“Es como de rescatar al hombre, de hacerlo sentir que lo admiras, pero como que se va al extremo de tu no vayas a trabajar, no vayas a hacer nada, porque no lo vayas a hacer sentir mal a él, pero está bien que sea exagerado, como que lo entiendes un poco, lo que dice es que el hombre necesita sentirse admirado y que si se siente admirado te va a dar cariño, que es lo que la mujer necesita, básicamente ¿No Tota?.

¿Se habla de sexo? Sí, pero hoy no hubo tiempo. Se sabe, claro, que “las relaciones prematrimoniales son enfermizas” y las “no relaciones” postmatrimoniales, inconvenientes. Es decir, si él quiere, ahí hay que estar disponible, según declaraciones anteriores de Tota a la agencia Reuters: “El sexo es hoy en día un gran problema. El estrés de vivir y trabajar en una gran ciudad puede inhibir la libido. Les digo que deben hacerlo y con pasión, incluso si eso significa echarse una siesta antes de que sus maridos vuelvan a casa".


Postdata. En una visita posterior, especialmente para GataFlora, Tota recibe orgullosa y amable: “Es tan raro mi curso que hasta de Argentina vienen”. En esta ocasión, las alumnas harán una gelatina pero fina, y colocarán cuatro velas de colores con significado religioso en una guirnalda de pino (es víspera de Navidad). En Imagen verán qué aros, peinados y escotes van si tenés la cara redonda. En la materia Superación, el capítulo de hoy se titula “Las ventajas de la dependencia femenina”.
Mientras las mujeres copian del pizarrón los redondeles que hacen de cara, la mermelada de ciruela recién hecha, se enfría. En la carpeta, que tiene aún más hojas que la vez anterior, (está actualizada, explica Tota) se guardan las dos claves más importantes de la clase del día: para que el dulce quede así, el truco es hacerlo con ciruela pasa (sin semilla) y agregarle a la cocción una taza de jugo de naranja. El otro tip es que a “ningún hombre le gusta una mujer autosuficiente.”
Afuera sigue siendo 2007. Dos cuadras más allá, México es un caos de avenidas grises y sonidos de bocinas.


LO QUE ELLAS LEEN
“Acepta a tu marido tal como es. Haz dos listas, una de sus defectos y otra de sus cualidades. Lee atentamente la lista de los defectos y rómpela; no vuelvas a pensar en ellos. Acuérdate solo de sus virtudes.”
“Levántate más temprano que tu marido, arréglate bonita, recuerda que tienes la competencia de todas las mujeres arregladas que él va a encontrar en la calle y en la oficina”.
“No dejes que la preocupación por “tus derechos”te impida ser agradecida. Da las gracias a tu marido por todas las pequeñas cosas de la vida, y el empezará a concederte esos “extras” que tú siempre deseaste. Si eres una mujer que trabaja, el necesita tu apoyo y tu agradecimiento todavía más, ya que su masculinidad puede sentirse amenazada por tu paga”.
(de Mujer Total, de Marabel Morgan, Plaza y Janés).

“Si un hombre no ama a su esposa con todo su corazón y con toda su alma, la culpa es de la esposa. Un hombre deja de adorar y de apreciar a una mujer después del matrimonio porque ella deja de hacer las cosas que despiertan esos sentimientos.”
“Muchas mujeres preguntan, ¿debo aceptar el alcoholismo de mi esposo?(...)En primer lugar, debe comprender que el alcoholismo es la más difícil de superar de todas las debilidades. Tendrá que adquirir cierta comprensión de la profundidad del problema al cual se enfrenta el hombre. Sé que ya le han dicho esto antes, pero he aquí lo que puede hacer para que esa simpatía sea real. Una vez al mes ayune durante tres días, prescindiendo de cualquier alimento o bebida, sin tomar nada que no sea agua, o bien, renuncie a fumar, a tomar café, dulces o cualquier otro hábito que la esclavice. Muy pronto tendrá una idea de lo que puede esperar de un hombre cuando le pide que renuncie a ese hábito que lo tiene esclavizado.”
“Eviten las expresiones duras o de amargura, el entrecejo fruncido o un gesto duro alrededor de los labios, ya que todo eso destruye la femineidad”.
“No traten de superarlo: para ser femeninas, no compitan con los hombres en nada que requiera una capacidad masculina. Además, no traten de competir con ellos por una promoción en el trabajo, por un salario más elevado o por obtener mayores honores”.
(de Femineidad fascinante, de Helen Andelin, Edivisón).

BRUJAS SIGLO XXl

Por Ágata Székely (publicado en WOW internacional)


Divulgan y discuten hechizos por internet, miran series de Sony, organizan congresos y poseen escuelas de magia. Han vuelto (o nunca se fueron), dan clases, hacen campamentos de verano en California, escriben libros, promueven deidades femeninas, se manifiestan contra la globalización danzando en espiral frente a las reuniones de la Organización Mundial de Comercio, sus libros son best sellers y los programas de TV que las representan tienen picos de rating. El fenómeno Wicca: el retorno de las brujas.



Es un jueves a la tarde en una sala a dos cuadras de la Central de Autobuses del Sur, donde seis mujeres y un hombre aprenden a revolver con la cuchara mágica en el caldero mágico. Es la última clase y más tarde se entregarán los diplomas, aplausos y talismanes cual medallas. La maestra bruja, explica que la cuchara debe ser hecha a mano, tener pentáculo y nombre artístico de bruja grabado (que se elige durante la luna llena), que siempre se girará con la cuchara en el sentido de las agujas del reloj y que el utensilio “hace de varita mágica”. Cuando las hierbas y los carbones se prenden y todos proceden a hacer el hechizo en conjunto debo retirarme porque el ritual puede resultar “espiritualmente movilizador” para los alumnos y además porque yo (creen ellos) soy sólo una aprendiz. Está bien. Espero mientras huelo a copal y a laurel en el pasillo y voy a la tienda brujeril. Me asusta un poco un óleo de un Nosferatu hincándole el diente a una doncella. Me compro un cuerno de la abundancia tejido en mimbre por 30 pesos, pero en realidad quiero un cáliz de plata de 600. Cuando vuelven me entero que no son brujos full time, en el alumnado hay miembros del CONACYT, psicólogas, una valuadora de joyas, una baterista y una “masajista sanadora transmisora de energía universal esotérica”.
“Porque tuve una revelación”, “por superación personal”,“por descendencia”, “porque tengo dos niños adictos”, “porque leí un libro de Paulo Coelho”,son las razones esgrimidas ante la pregunta ¿Porqué estudia para bruja?.
Y...¿ se nace o se hace? “Para ser brujo aprendes a utilizar la energía y hacer lo que quieras. Hay quien nace- dice Verónica Hernández, de 25 años, maestra y psicóloga directora del círculo Wicca de México y autora de Wicca, La magia de la Naturaleza- pero yo no creo que esta sea la única vida que existe. Si es la primera (vida en la que quieres ser brujo) te va a costar mas trabajo, pero toda la gente puede. Si eres humano puedes.”
“La brujería es una religión de carácter primitivo y trascendente con matices feministas. Su culto consiste en la adoración de las fuerzas creadoras de la Naturaleza. Tal es el aspecto en conjunto de la deidad venerada: lo mismo puede ser un dios innominado que mil dioses diferentes. Ese dios lo mismo puede no tener sexo que tener ambos sexos, o ser neutro”- escribió Sybil Leek, periodista best seller y “reina de las brujas de Inglaterra” en “Arte completo de la brujería” (46 pesos en metro Balderas). Leek, ya fallecida, es autora del más vendido “Diario de una bruja”, entre otros 50 títulos y fue entrevistada hasta por Bárbara Walters.

La comunidad virtual brujeril del país tienen más de dos mil miembros y va en aumento. Usted puede acceder a cursos y volverse una bruja hecha y derecha por costos que van desde los 50 la clase hasta los 600 pesos por mes. Aunque hay brujas “mayores” que se dan el lujo de cobrar mensualmente mil pesos o cinco mil un ritual. Y eso, porque dicen que tienen un linaje brujístico de 700 años de reencarnaciones sucesivas siempre como bruja. También usted puede estudiar por su cuenta y bajar manuales de la red o comprarlos por ahí. La bruja autodidacta también es respetada. Las nuevas brujas son boom, especialmente entre las adolescentes. Parte de la responsabilidad la tiene Charmed, serie de Sony donde tres jóvenes brujas de siliconas, mezclilla y glamour luchan contra demonios diversos. Ellas profesan la Wicca (al igual que los del curso) o la Religión Antigua, que está basada en la idea celta de una deidad femenina y una masculina: El Gran Padre (Sol) y la Gran Madre (Luna); considera que todas las cosas forman parte de ellos y ve a la Tierra como un organismo vivo. Practican la magia a través de meditaciones, cantos, visualizaciones y hechizos. Su principio más importante es “Haz tu voluntad, mientras no perjudiques a nadie”. Otros son la autorresponsabilidad (si uno se equivoca hay que hacerse cargo) y el mejoramiento constante (enseñar y predicar la tolerancia y la armonía racial). Hay muchas ramas de Wicca, la más seguida en la actualidad tiene un halo new age: se combina con tai-chi, yoga, sanación, herbolaria, uso de cuarzos y cristales. Para ser poder realizar la ceremonia de iniciación se necesita estudiar durante un año y un día, luego puede uno “especializarse” y hacer una “dedicación” por ejemplo, a la enseñanza, los hechizos o la adivinación.
En Estados Unidos los libros de brujería para niñas son record de ventas. “Jóvenes y brujas. Manual práctico de brujería buena para adolescentes” y “Montarse en una escoba de plata” de Silver Raven Wolf, popular bruja norteamericana explican los rituales, las festividades, las herramientas y los símbolos en lenguaje sencillo y dan hechizos para las chicas de preparatoria entre los que se encuentran “El hechizo para bloquear internet” (para evitar los virus), “El hechizo de los espíritus celestiales de la ley y el orden” (para que el sistema judicial te ayude) y el “Hechizo para que salga el sol” (que he probado sin éxito este Año Nuevo en Puerto Vallarta). Otra más: Starhawk, bruja globalifóbica californiana es líder de “Reclaiming” (Reivindicación) comunidad que organiza cursos y campamentos de bruja en San Francisco, California, y es autora de “La danza en espiral” y “El aprendizaje de una maga”, bibliografía básica ad hoc. Starhawk y sus seguidores se han opuesto a la globalización bailando en círculos en las últimas reuniones de la Organización Mundial del Comercio y ha sido apaleada por la policía y llevado presa junto con otros manifestantes en danza. Su texto “Sólo la poesía puede hablar del dolor”, disponible en internet, detalla su compromiso político. También hay revistas: la W.I.T.CH, de la Disney, que comercializa estos conceptos para niñas, y trae regalo mágico, y la Witchvox, boletín virtual.
“Estan vendiendo una Wicca light”-opina Magaly Luna, maestra de brujas en Casa Mágicka, sede del Root Wicca México, institución que se opone a tanto eclecticismo y propone como modelo la bruja tradicional arquetípica, solitaria, mujer y sabia. El Root Wicca edita Musa, el boletín informativo de las brujas (disponible cada tres lunas), con breves biografías brujeriles famosas, recetas para la prosperidad y otras hechicerías.

Sábado. Cuatro de la tarde. Parque México, Condesa. Van llegando los aprendices de Wicca al “taller vivencial”. Nadie parece bruja salvo uno que se empeña en que se note, y que dice ser un “mago negro arrepentido”. Lleva diez anillos temibles en cada mano, va de negro con múltiples collares con calaveras y piedras. La clase empieza: Regla número uno: “No se vale ninguna sustancia extraña al cuerpo para meditar”. Número dos: “Abrir los ojos para todo. Estudiar a las personas.” Número tres: “todos somos iguales, no hay jerarquías”. Tarwe Nen, la profesora del Círculo Pagano de México, explica que habrá que abrazar árboles y que puede ser que esto nos de pena o que duela el estómago en el proceso –simbólico- de entrar a las cuatro “cuevas” que representan los elementos: la del Aire, la de Fuego, la del Agua y la de la Tierra. Y por último la del Espíritu. Entrar en la cueva significa ponerse en contacto con el elemento determinado, estudiar que signos del zodíaco le corresponden, buscar nombres de Dioses al respecto. La tarea para la próxima es buscar en libros información sobre Aire. Acto seguido, el curso se vuelve símil terapia grupal. Todos debemos decir un mal hábito. Se supone que hay eliminarlo para ser buena bruja. Debemos luego dibujar una puerta y con ella la profesora nos detalla ciertos aspectos negativos de nuestra personalidad. La bruja, nunca mejor dicho, le acierta y no vuelvo.

En México las maestras brujas se conocen, se disputan el alumnado y chismean las unas de las otras. Las que cobran más barato sus cursos acusan a las que cobran más caro de cobrar más caro. Las que cobran más caro acusan a las que cobran más barato de no saber lo suficiente para enseñar. Por versiones coincidentes, he probado que hubo espionaje entre brujas. Ellas se han visitado, robado temarios de los cursos (con los hechizos correspondientes). Pero haciendo caso de la ley Wicca, evidentemente nadie ha tomado represalias, puesto que todas las entrevistadas, al cierre de esta edición, gozan de buena salud. Más allá del boom, ninguna de estas curiosidades puede difundirse sin un poco de historia.

Había una vez en un lugar muy lejano, la magia. Que ha sido practicada de igual forma por hombres y mujeres desde el principio de los tiempos sin connotaciones negativas. La brujería, sin embargo, fue un fenómeno propio de la Edad Media, cuando la población masculina descendió vertiginosamente debido a las guerras y a las numerosas epidemias que asolaron Europa. Los campos, en esa época, no producían lo suficiente y los campesinos entonces recurrían a los ritos paganos para fertilizarlos. Era la mujer quien tenía mayor protagonismo en esas prácticas. Los labriegos rendían homenaje a la tierra, sus frutos y también a los animales, siempre de noche y en torno a la luz de una hoguera. Una sacerdotisa dirigía el culto. Consistía en una danza en la que se empleaban unos cuernos como representación de los animales herbívoros y culminaba con una unión sexual para invocar la fecundidad. El origen de estas creencias es ancestral y está relacionado con ídolos paganos, como Isis. Las facultades de estas deidades femeninas fueron copiadas y/o heredadas desde entonces por algunas mujeres que fueron llamadas pitonisas, curanderas, herbolarias, comadronas o brujas. Según como usaran su “poder” se convertían en “buenas” o “malas” dependiendo de los intereses del orden patriarcal establecido. La Iglesia al ver esa “religiosidad alternativa” relacionó los ritos con invocaciones al Diablo. En ese contexto, aparece en 1486 el denominado “Martillo de las brujas” (Malleus Maleficarum) un tratado en el que se asegura que la brujería es una actividad exclusiva de la mujer por lo que “merecen la muerte como miembros de una categoría inferior, pecadora y peligrosa” (sic). Así la Iglesia llevó a la hoguera y las salas de tortura a decenas de miles de mujeres en toda Europa. Según Anne Lewellyn Barstow, autora de La caza de brujas, historia de un holocausto, la más documentada investigación al respecto, las cifra de 9 millones de mujeres muertas por la Inquisición son exageradas y las estimaciones en bases a archivos comprobables hasta el momento indican un número de aproximadamente 100 mil asesinatos y muchas más acusadas, y torturadas. En el siglo de las luces, la brujería como “delito”, desapareció del Código Penal. Ahora las brujas alrededor del mundo avisan en internet cuando será la danza con escobas (que se siguen realizando) y se reúnen en congresos internacionales. Este verano el más concurrido fue en Avalon, Glastonbury, Inglaterra, mítica tierra del Rey Arturo, mago Merlín,bruja Morgana y druidas varios. (Sólo) la entrada a la convención –Goddess Conference 2004- costó 500 dólares que contó con rituales múltiples, gala de disfraces de Dioses y banquete de frutas orgánicas.

Este artículo está dedicado a las mujeres que murieron en la hoguera entre los años 1560-1760 acusadas de brujas. A las que no lo eran, y especialmente a las que sí. Porque si la historia la escriben los que ganan eso quiere decir que hay otra historia.

Recuadro:
“Fetichismo” brujeril
Cualquier bruja que se precie deberá tener a la mano:

Calderos: Símbolo del “vaso vivificador” disponible principalmente en tres versiones: de fuego (para rituales de transformación y renacimiento), de agua (para la sabiduría y/o el amor), de tierra (para la abundancia).

Varita mágica y/o cuchara de madera como la mencionada.

Escoba (y no para versión pornográfica que indicaba que era ungida con sustancias alucinógenas que al montar dan la sensación de volar). Es un símbolo, eh.

Hierbas de todo tipo y factor.

Libro de las sombras: propio manual que se va escribiendo conforme se experimenta con hechizos, y fórmulas.

Athame: cuchillo mágico para trazar círculo y pentáculo (estrella de cinco puntas)

Cáliz: para consagrar con algún tinto.

Bola de cristal (opcional)

Para saber más:
www.reclaiming.org
www.witchvox.com
www.circulowicca.com
root_wicca@yahoo.com.mx

EL CIELO DE TU VIDA

Nota: esta nota fue encargada por una revista femenina tradicional y por lo tanto está escrita dentro los parámetros necesarios. Además de las razones esgrimidas acerca de porqué está bueno hacerse una carta, yo pienso que vale la pena entrar a ese mundo por el conocimiento en sí.


Por Ágata Székely (publicado en revista Joy, a mediados del 2007)

Cada vez más terapeutas utilizan la astrología como instrumento de diagnóstico y tratamiento en una psicoterapia. La tendencia es usar la carta natal -un dibujo o mapa del cielo al momento del nacimiento- y descubrir los rasgos de una personalidad en base a esos símbolos.

La emoción más bella y profunda que podemos experimentar es la de lo místico. Es la energía de toda la ciencia verdadera.” Albert Einstein.

Melisa, astróloga, terapeuta y poeta, miró el círculo de colores y símbolos impreso en la tapa de un viejo casete. Señaló un grupo de planetas acumulado en lugar determinado y dijo algo así como “y esto que tiene que ver con la comunicación y con lo público, está relacionado con el Ser Mujer”. Yo estaba en los medios hacía algunos años, ya me había graduado en periodismo, pero las palabras “ser mujer” me resonaron como si de pronto hubiera entendido un idioma desconocido. ¿Cómo no me había dado cuenta? Todas las preguntas, todos los diálogos internos confusos, todos los conflictos que quería entender e investigar tenían que ver con eso. La “caída del veinte” fue irreversible. Todavía me recuerdo mirando ese dibujo de Venus que entre otras cosas simboliza lo femenino, al lado de un signo igual pero con “cuernitos”, Mercurio, que representa la comunicación, en la “casa” de la vocación, junto con un Sol en la “casa” que rige “el extranjero”. Y aquí estoy, tres años después, extranjera ejerciendo mi profesión en revista femenina.
Y eso fue solo una parte de sus aciertos. ¿Lo hubiera sabido sólo con terapia? Tal vez, pero probablemente con más tiempo en el diván, hasta hacer ese “click” que ata los cabos sueltos de los deseos escondidos, incluso para una misma.
Hace más de 50 años el médico psiquiatra Carl Gustav Jung, uno de los discípulos de Freud, dijo que la astrología es la suma de todo el conocimiento psicológico. ¿Cómo puede ser esto posible? Vayamos por partes.

Las opciones de una semilla
“La Carta Natal nos muestra el potencial con el que nacemos”- explica a Joy Nina Ortega terapeuta y astróloga de la rama astrología psicológica evolutiva. “Una carta natal o astral es un esquema del sistema solar que muestra cómo estaban los planetas en el momento de tu nacimiento. Nos habla de cómo vemos nosotros el mundo y por lo tanto de cómo reaccionamos a él.”
“Somos parte del Universo y al igual que una semilla tiene en sí la posibilidad de convertirse en árbol, y un huevo en determinado animal, cada uno por separado tenemos un potencial que podemos o no llegar a desplegar. Somos representantes del instante en que nacemos y “vibramos” con la información de ese instante toda nuestra vida, llevando en nuestro interior una especie de “holograma” con ese pedacito de cielo, y su información. No estamos hablando de destino, una semilla puede o no convertirse en un árbol, nuestra vida está en nuestras manos, existe la voluntad. Para entender mejor la información que nos da la Astrología, partamos de que somos un árbol, la información que nos da una Carta Astral es la misma que nos daría una semilla si sabemos de botánica. Sabríamos, si tenemos un manzano en potencia en la mano, que esta persona, o “árbol”, nos puede dar manzanas, no peras ni ningún otro fruto, que necesita determinada cantidad de luz y de agua para estar en óptimas condiciones. Que en el mejor de los casos será un árbol con tales o cuales características, y que en el peor será una ramita seca, sin frutos.”
En este mapa, indica la especialista, existe muchísima información sin necesidad de que el paciente la platique. Un buen interpretador tendrá claro cuáles son los patrones de comportamiento, las herramientas y los retos a los que habitualmente se enfrenta el una persona. Claro que lo que no se sabe es lo que ésta hizo con esa semilla o potencial, si la tiró a la basura, la regó o la cuidó. La astrología sirve “para acortar muchos caminos, como si tuviera muchos años siendo terapeuta de ese paciente. Así, se pueden detonar más rápido que en una terapia convencional, cosas que, si el otro decide ocultártelas, pueden detenerte”.
Ortega asegura que nadie puede ser feliz: “si no es lo que nació para ser, y no hace lo que mejor sabe hacer” y explica que la astrología nos muestra “cómo seríamos si hubiéramos nacido en un lugar “perfecto” donde se aceptaran y estimularan todas nuestras características”.
Hasta aquí suena todo maravilloso, pero algunos se preguntarán, porqué razón habría de confiar en una serie de símbolos ininteligibles para la mayoría. ¿Cuál es el misterio? ¿Porqué funciona la astrología?

En sincronía con el universo
¿Porqué influye todo esto en las personas? ¿Por qué creer? “Si te interpretan bien una carta, no hay manera de no creer - responde Ortega. Cuando alguien que no te conoce te habla de tus más íntimos miedos, problemas recurrentes y las trabas con las que te encuentras, la mejor prueba es eso. Pero la respuesta acerca de porqué funciona, depende del sistema de creencias de cada quien. No hay una sola respuesta. Nosotros somos parte del universo, que es perfecto, donde cada uno tiene un lugar específico, con una función y una misión irrepetibles, como si el mundo dependiera de ese instante que somos nosotros, y nosotros de todos los demás. En el universo, hay un fenómeno de sincronía perpetua: lo que es arriba es abajo.”
Coincidiendo con esta perspectiva, en su libro “Astrología, psicología y los cuatro elementos”, el astrólogo Stephen Arroyo escribe: “En astrología, todo individuo es considerado como expresión total y única de principios, pautas y energías universales. Los antiguos astrólogos y filósofos consideraban el Zodíaco como el “alma de la naturaleza”, la que da forma y orden a la vida. La astrología es un lenguaje de principios universales, un modo de percibir forma y orden en la vida de una persona individual, un modo de simbolizar la unidad de cada individuo con factores universales”.
"En la carta de alguna manera vienen tus miedos, tus costumbres, tus inclinaciones, tus habilidades, y un listado de cosas a trabajar”-expresa Ortega. Pero cuidado: “No hay nada determinado de lo que no se pueda escapar. Si ahí te dice tienes mucho miedo a la intimidad, no quiere decir que ya te fregaste y el resto de tu vida vas a vivir aterrado, lo que quiere decir es que algo te llevó a tener ese temor, y ahora parte de tu chamba es trabajarlo y vencerlo.”
La astróloga aclara que, según su perspectiva, hay una diferencia entre la astrología psicológica y su variante evolutiva: “la primera describe los patrones psicológicos de la personalidad en la carta astral, y eso nos ayuda mucho en el autoconocimiento, para saber lo que no hemos averiguado y para entender las diferencias entre los seres humanos. La astrología evolutiva, por su parte, te dice: “no me importa ya tanto la diferencia que tienes respecto a los otros, sino la diferencia que tienes entre quién eres y quién puedes llegar a ser. Tu carta astral tiene millones de posibilidades de ser vivida, unas más felices que otras, unas más sanas que otras, generosas, buenas para el mundo o buenas para ti. En la astrología evolutiva te ves en vertical, ves a fondo la peor opción de tu carta para no caer ahí y conoces la mejor opción, para tirar para arriba.”
Sabemos que es difícil compartir un conocimiento tan profundo en pocas páginas, pero antes de terminar, es importante hacer hincapié en un punto: en esta disciplina, como en tantas otras, hay muchos farsantes y confusiones, que sólo alejan a las personas de un conocimiento que puede resultarles muy útil. ¿Cómo reconocer un buen profesional?

Eligiendo astrólogo
El astrólogo Luis Lesur, autor de Vicios y Prejuicios de la Astrología (Plaza y Janés) indica: “La elección de un astrólogo es tan delicada como la de un psicólogo o un terapeuta. Incluso puede ser mas complicada todavía debido a que casi todos los países del mundo carecen de reglamentación para la práctica de esta profesión.” Para no equivocarse, Lesur recomienda averiguar si quien nos leerá nuestra carta tiene alguna certificación, buenas recomendaciones, de dónde viene su reputación o su fama, que dice en su sitio web, y que nos parecen sus publicaciones. Además, aclara: “la función del astrólogo es servir de intérprete de los mapas astrológicos considerando el contexto y las necesidades del consultante. No debemos olvidar que lo que puedan decirnos los astros siempre llega a nosotros filtrado y reconstruido por el astrólogo, que es nuestro intermediario. La astrología por sí misma no nos puede aconsejar. Si las estrellas tienen un mensaje objetivo para los humanos, jamás podremos saberlo, siempre estará entre nosotros y ellas alguien, un intérprete, así que cuando visitamos a un astrólogo las recomendaciones que escucharemos no será el de los planetas moviéndose en el cielo, sino las de un ser humano con todas sus limitaciones. Pero no basta que tomemos en serio lo que nos diga el astrólogo para que la entrevista sea verdaderamente de provecho, también es necesario no olvidar algo central: los planetas no son ni serán responsables de lo bueno y lo malo que nos ocurra en la vida. No hay un planeta del divorcio o del fracaso en los negocios, como tampoco existe otro que traiga de la mano un hombre o una mujer a nuestras vidas. Que uno alcance o no la felicidad depende de las circunstancias en las que se esté inmerso y las decisiones que cada uno tome conociéndonos y conociéndolas, no de las estrellas. Un consultante astuto espera que la astrología le aclare el panorama frente a la toma de decisiones y no elude la responsabilidad de las mismas culpando a los astros. Si entendemos lo anterior nos quedará claro que no hay que tener miedo de que nos vayan a decir algo “malo”. En última instancia lo “malo” o lo “bueno” dependen de nuestra actitud y lo que elijamos.”

*Agradecemos a Nina Ortega por la información brindada para este artículo: más datos y consultas en www.ninaortega.com
*Los consejos acerca de cómo elegir astrólogo son parte de un artículo de Luis Lesur publicado en www.luislesur.com, reproducidos aquí con autorización del autor.
Te recomendamos su libro: Vicios y prejuicios de la astrología (Plaza y Janés)

Recuadro 1:
El mapa del tesoro
*En la carta astral, el círculo más pequeño es una representación de la Tierra y el más grande es para circunscribir el espacio del cielo que escogemos para interpretar. La parte de afuera es la banda zodiacal.
*La astrología funciona con tres paquetes de símbolos, los planetas (donde se incluye al Sol y a la Luna, aunque no sean tales), los signos, y las casas. Los planetas indican específicas dimensiones de la experiencia (por ejemplo “la emoción”). Los signos, son cualidades de la experiencia (cómo es esa emoción) y las casas, los campos donde operan las energías de los planetas y los signos (las áreas del vida donde se vive esa emoción)
*También se dibujan los aspectos, que son los canales de comunicación que existen entre los planetas y pueden ser de diferentes clases, de acuerdo a los ángulos que se presenten.
*Para calcular la carta astral, se tienen en cuenta latitud, longitud, hora, mes y año del nacimiento del consultante. En la actualidad, existen diversos programas de computadora para calcularla, aunque también se puede realizar de manera manual.
*Las variantes o derivaciones de una carta astral más comunes en una consulta son los retornos o revoluciones solares (el movimiento de los astros durante un año), los tránsitos (que sucede con los planetas un momento determinado y como te afecta a ti), y las sinastrías (tu carta combinada con la de otra persona, por ejemplo la de tu pareja).


Para tener en cuenta:
Las certificaciones con reconocimiento internacional las otorgan, entre otros, el National Council for Geocosmic Research, la American Federation of Astrologers, la International Society for Astrological Research o la Faculty of Astrological Studies (en Gran Bretaña). Si, además de echar un vistazo a tu cielo natal en un par de sesiones, quieres realizar terapia, el profesional que elijas también deberá estar certificado como terapeuta.

APUNTES DE UN VIAJE AL FIN DEL MUNDO

(Octubre 2002, publicado en Vuelo y Día siete sin las partes personales)



Patagonia es un triángulo gigante que apunta al sur de todo. Una flecha imperativa metáfora de viaje, puro lenguaje geológico. Cuando la historia de América apenas empezaba esta zona se convirtió en una obsesión para los exploradores. Se sabe que muchos perdieron la vida en sus tierras amarillas y su mar de frío turbulento. Patagonia se extiende entre la cordillera de los Andes y el Océano Atlántico, en el sur de Argentina y es tierra inabarcable en pocas líneas y poco tiempo. Estos son momentos capturados durante una semana entre Ushuaia, ciudad última y los glaciares al pie de la montaña. El borde del planeta. Y de algunas revelaciones.

Por Ágata Székely

Sueño el Sur
Como un destino del corazón,
Busco el Sur,
El tiempo abierto y su después.

En el principio fue el viento. La turbulencia. Y la ventanilla muestra el Estrecho de Magallanes, ese trozo de mar entre picos nevados que separa la isla de Tierra del Fuego del resto de Argentina. El avión se sacude sin poder. Y aterrizo. Brillante como el sol al mediodía está Ushuaia, la ciudad más austral, el fin del mundo.
El Hotel se llama Las Lengas y está a orillas del canal de Beagle, que se llama así por el barco que albergó al mismísimo Darwin. Su fondo acumula más de 3 mil naufragios. Mi ventana da al Polo Sur. Y salgo a caminar. Veo mar plata y barcos anclados. Gaviotas. A cada paso, hay carteles indicadores: “Usted está aquí”. “El fin del mundo es un lugar”, dice Paul Theroux en su Último expreso patagónico. Yo creo que es más que eso. Viajar es un atajo al presente continuo, pienso. En sintonía con el viaje, no conecto con la nostalgia de ayer ni la neurosis de mañana. Estar on the road es zen. Tomo chocolate caliente y miro techos puntiagudos. La calle principal de Ushuaia no es bella. Es de pueblo olvidado, mezcla de comercios locales con turísticos. En esta zona, faltan árboles, están todos juntos kilómetros más allá. Camino todo el borde caminable de la Bahía que mira hacia el poniente (eso significa Ushuaia) y la tarde se esfuma. Apenas oscurece en mi regreso. Voy con mi mapa al mostrador del hotel y pregunto. Leo es rubio y tiene ojos amarillos y sabe de caminos. Le muestro mi plan y mi plano y se ríe. No cree que yo pueda caminar todo eso. Aunque me siento con energía para trotar por la isla entera. Pero invita. “Si querés, vamos”, dice.

Salgo sola a caminar a medianoche, bajo por una escalera de madera que termina en el muelle. Y entonces, nieva a pesar de octubre, primavera. Son copos minúsculos, la ciudad detrás de mí y el mar delante. Abro los brazos, I m the queen of the world. Es uno de esos instantes de estallido existencial. La belleza, la belleza, diría Aute.

Y a la mañana temprano, la ciudad está blanca, la calle y los árboles cubiertos. Leo viene por mi y me trae guantes y abrigo, y mate. Aire límpido. Subimos hacia el Glaciar Martial pero el camino está cerrado. Me da la mano y bordeamos el río y llegamos a las vías del Tren del Fin del Mundo, una línea de vagones ahora adaptada para turistas, que sirve te con pastel mientras ellos miran por la ventanilla el mismo paisaje que miraban hace 100 años los presos en la cárcel del fin del mundo, hoy convertida en museo. No hay nadie. La estación está vacía y la locomotora parada. Hago un muñeco y Leo tira bolas de nieve. “Ay, Ágata,” dice una amiga cuando le cuento, “parece un video de Luis Miguel”.Perdón.

Ushuaia cambia de color con las estaciones. Es la ciudad blanca en invierno y se tiñen de rojo los árboles en otoño y el cielo en verano, cuando amanece. A pesar de su 50 mil habitantes, es territorio apenas explorado, naturaleza virgen. Las casas que rodean el centro están casi todas en construcción. Esto da al lugar un aire de suburbio en desorden que contrasta con la perfección del mar bajo la Cordillera.

Leo me deja en la puerta del museo del Fin del Mundo y veo en una hora restos de naufragios. Fotos de los yamanas, los aborígenes, que andaban desnudos y hacían fuego dentro de sus canoas. Artesanías de los presos. Y muero de hambre.

Es el mediodía y la ciudad está cubierta de niebla. Llovizna. Nos sentamos en Tante Nina en una mesa que da al mar y pedimos vino tinto. Que nos inunda. Todo brilla a través de la copa. Pido trucha rellena de centolla (un fruto de mar parecido a la langosta) con salsa de almendras. Eso y todo es exquisito. Es otro estallido existencial. Pero esta vez es compartido, se nota en las miradas. Con el vino en las venas Leo ojos dorados me saca una foto con –Juan Salvador- gaviota y las ramas nevadas. Y me río, me río al borde del mundo.

Voy a la cárcel. Recorro el presidio-museo al final de la avenida principal. Miro las fotos de los criminales y las celdas verde inglés. Es un lugar feo. Me voy a dormir y me despierto al borde de la cena. Leo ya llegó y hablamos de la isla de la vida de cómo el ve amanecer cada día. Y lo saludo, de lejos y vuelvo a mi habitación. El agua caliente me cubre y respiro entrecortado. Me enredo en la toalla y me derrumbo sobre la cama. Me gustan las camas de hotel. Son fugaces, privadas, únicas, instantáneas, nadie nadie sabe que estás ahí. Un pedazo de territorio íntimo que no es de nadie y nadie puede reclamar. Y a las tres de la mañana, suena el teléfono.

Leo me ama al borde de la cama y al borde del mapa, borde de la luz del día. Y no duermo, no duermo ninguna de las tres noches restantes y veo el Beagle y los barcos por la ventana. Y quedo estancada el borde del sueño, traspasado el cansancio, borde de la resistencia.



Para surcar el canal de Beagle, el Patagonia Adventure se atreve a ir más allá sobre el agua gris brillante. Son las 9 de la mañana. Y el viento helado me pega en la cara. Tomo mate con la tripulación y me imagino la curva del globo terráqueo que se hace más pronunciada. El faro Les Eclaireus (le dicen el Faro del Fin del Mundo) se ve desde lejos, rojo blanco y solitario. Los lobos marinos gritan y los pájaros son una alfombra sobre las islas.

El Parque Nacional Tierra del Fuego esconde, en sus 63 mil hectáreas, lagunas verdes, plateadas y negras entre un bosque de lengas y guindos tupido y extenso. Vans de línea regular se trasladan desde el centro de la ciudad cada hora hasta un extremo del parque donde empiezo una caminata y veo pasar liebres y castores. Después de tres horas de aire puro y cansancio , una cabaña de madera ofrece albergue, leños encendidos y pasteles. Es muy difícil elegir pastel. Apuesto al de manzana. Camino 50 metros hasta el lago Roca y quedo en silencio. La imagen del pico nevado reflejada simétricamente en el agua.

Entiendo porqué quien manejaba el bus, quien cocinó el pastel o quien construyó la cabaña fue viajero alguna vez y decidió quedarse para siempre.

Me voy de Ushuaia al mediodía. Llego al aeropuerto con un nudo en el pecho. Fue poco. El consuelo es que veré más Patagonia, en menos de dos horas estaré en la puerta de Los Glaciares. No funciona. Siempre es presente en los viajes y el presente es partir. Leo atraviesa las puertas de cristal. No creí que vendría. Pienso en esas películas en que él corre hacia ella en los últimos cinco minutos, y detiene el avión. Y son felices para siempre. Me pregunto que haría si este fuera el caso. Las propuestas románticas e irracionales merecen respuestas románticas e irracionales. Así como las pasiones verdaderas merecen finales trágicos. Es una cuestión de literatura.
No recuerdo si decidí bajar o no del avión si Leo lo corría. Cómo puede ser que no recuerde? La trampa de la memoria. Y a la distancia, y al tiempo, no se vale aventurar.

Estoy alucinando. No. En el sur del sur, es normal que un arco iris rodee las nubes al atardecer. No tiene la forma tradicional de arco. Se suspende con rasgos caprichosos entre el cielo y la montaña y se queda ahí hasta que oscurece, muy tarde en verano, muy temprano en invierno. Esto sucede en EL Calafate, pueblo a orillas del lago Argentino, en la provincia de Santa Cruz, el punto de partida para acceder al Parque Nacional Los Glaciares. Las masas gigantes de hielo de millones de años fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por ser consideradas una de las reservas de agua dulce más importantes para las generaciones que vienen. Antiguo parador de carretas y centro comercial de distribución de mercaderías para las estancias de la Patagonia, hoy El Calafate es una villa turística de 8 mil habitantes, con casas de techos de dos aguas verdes y amarillos, rodeadas de álamos: un oasis en la estepa patagónica.

Camino por el pueblo y duermo todo el sueño atrasado, el descanso robado en Ushuaia. Leo llama y me divierte. Leo dorado, parte del paisaje, quedó en pausa, es universo paralelo. Ya estoy en presente otra vez. Y el presente es navegar en el cielo con diamantes.



El Parque Nacional Los Glaciares se extiende sobre unas 600 mil hectáreas y queda a 80 km del centro. El hielo ocupa más del 40 por ciento de esta superficie. El paisaje extraño es una herencia de los tiempos de las glaciaciones, cuando la tierra estaba sepultada bajo el hielo. Los glaciares Upsala, Onelli Y Spegazzini son accesibles solamente por vía marítima. El catamarán avanza sobre el lago color mar Caribe. En unos minutos, aparecen los témpanos azules, flotando. Y después, de pronto, surgen entre las montañas nevadas los monumentos blancos. Flashes. Más tarde, la embarcación hace una parada en una bahía de donde se asoma un bosque y un lago cubierto de témpanos que brillan al sol. Algo me toca la cabeza mientras como una empanada. Miro arriba y lo veo. El cóndor pasa. Un cóndor me acarició el pelo. Soy la princesa de la orden del cóndor y llevo conmigo el estigma mágico de la Patagonia. Para siempre.

Cruje como trueno, tormenta escondida, se rompe de ratos y estalla en mil brillantes. El Glaciar Perito Moreno tiene tres kilómetros de ancho, 12 de largo, y 50 metros de altura promedio. Es el más visitado por su accesibilidad. Es posible observarlo desde balcones dispuestos en un laberinto de bosques y flores o navegar cerca de él. Desde las pasarelas puedo escucharlo.
Me siento astronauta y camino sobre esta región gélida del planeta durante una hora. Se accede a la parte apta para caminar sobre el glaciar por un trayecto similar al de la navegación: se llega al puerto en bus o van, se toma un barco durante 20 minutos y este desembarca a los pasajeros en un área específica donde esperan los guías para subir a la montaña. En grupos de 10 personas se escalan 200 metros (sin lentes oscuros, casi es imposible abrir los ojos). Hay cuevas de hielo y grietas azules. Paisaje de ciencia ficción. En una parte de las partes altas, unos objetos rompen el blanco: son vasos de whisky, a los que se agregan trozos picados de glaciar. Bebo. Brindo. Por el blanco que ciega.

La distancia se ve. Desde la ruta santacruceña se observan a lo lejos las estancias, antiguas residencias típicas de la zona, espacios confortables en medio de la nada. Cerca de El Calafate y los Glaciares hay más de 15. Alice es una de ellas, ubicada a 20 minutos del centro. Es un refugio elegante de más de 100 años que abrió sus tranqueras para recibir a los amantes de los pájaros –unas 40 especies viven en la laguna- y los caballos. Cae la noche en su casco principal, transformado en restaurante. Sobre las brasas, el cordero patagónico reconforta. Se deshace. Corre el vino tinto y es la última noche.

No se cómo llego a Buenos Aires. Quiero chocolate caliente. Pero hace 30 grados. No se porque no vivo en Ushuaia que mira al fin del mundo. No se explicar como es un glaciar. No se porque paso todo noviembre despierta en las madrugadas hablando por teléfono y haciéndole escuchar los pájaros de mi patio al amanecer. No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió, dice Sabina. Un día llega una flor con una nota. En algún lugar, te espero, dice. Es una canción de una road movie argentina. Pero la vida es road movie si se va para adelante. No se, no supe porqué quise volver mil veces a esa tierra de nada y belleza y el dijo, sí, luego no, si. No final. Y no fui otra vez a Ushuaia a vivir en una cabaña de troncos con leños encendidos in eternum. A escribir en periódicos de dos ejemplares. No volví a perderme al borde de ese abismo borde de la nada borde de esa cama. Y por un tiempo, dolió. Porque no es presente cuando se está en la rutina revuelta del lugar donde se vive. Suspendida en el alma la intensidad reciente. Cuando el próximo instante fugaz estallido está más allá por la línea de la carretera, y los lados de la ruta son evidencia, símbolo de lo que queda atrás.
Esperan otros bordes. En movimiento estoy a salvo.

LOMOS DE EXPORTACION

INVASION DE MODELOS ARGENTINOS
Por Ágata Székely, desde México (publicado en TXT)

Los guapos aztecas andan con el grito en el cielo. Es que dicen que el bombón argentino que vino a México para quedarse inundó y rebalsó el mercado de las pasarelas, las publicidades y el mundo de la moda en general. Según los dirigentes de las agencias de modelaje más importantes, la genética los ayuda. Según los despechados galanes locales malbaratan sus servicios y los perjudican por cobrar la mitad.
Las malas lenguas denuncian que muchos de estos cuerpos privilegiados ni siquiera son profesionales, son ilegales traídos por la crisis que quieren “conquistar el mundo”. Otros dicen que este llamado “efecto pampa” sirve para elevar el nivel de competencia y los estándares de belleza locales.
Todas las agencias afirman que sus modelos argentinos o de otras nacionalidades, son profesionales, con amplia experiencia y que para triunfar no alcanza con ser una cara bonita. Pero aquí van los testimonios que muestran aventuras y desventuras de la verdadera carne de exportación del sur.

La cosa fue así. Una parte del alud de argentinos que dispararon antes de que lo hiciera el dólar vinieron a México. Según cifras del Instituto Nacional de Migración, desde enero del 2000 a junio de este año, llegaron más de 250.000 argentinos, como turistas, y el 20 de ellos no tiene salida registrada del país. El pico máximo de entradas fue entre fines del 2001 y principios del 2002. En ese período, la cifra habitual de solicitudes de permiso para trabajar como modelo se triplicó. La voz había corrido. La belleza simil-europea se cotizaba bien y solo había que ir al lugar indicado para quedar estampado en revistas, carteles y propagandas varias. Y vivir, sobrevivir, lomo argentino mediante.
“Acá hay muchos negritos indígenas entonces uno tiene más posibilidades”-dice rubio y alto Mariano (25), oriundo de Carmen de Patagones, quien terminó abogacía en la Universidad de La Plata y vino a México a “observar como son las reglas en otra parte”. Llegó hace un año y enseguida trabajó como “edecán” (promotor) y en pasarelas. Iñaqui tiene 30, es su hermano, estudió teatro en La Plata y trabajaba haciendo vidrieras. Se le había ocurrido ser modelo en Argentina pero prefirió “un lugar donde hubiera menos competencia”. Su carrera de más de 60 comerciales comenzó por casualidad, cuando una chica lo invitó a un casting, “quedó” y se introdujo en las mieles del éxito en un hotel cinco estrellas de Acapulco, donde se filmaba el corto.
Otras historias son del tipo Cenicienta. “El cordobés, vino con bolsas del super (como equipaje) porque no tenía valijas y ahora está en Italia, modelando”-cuenta Pablo (35) modelo argentino ex participante del programa Confianza Ciega, primera versión. Pablo es parte de la agencia ZC, empresa dirigida por un argentino y con un 99 por ciento de argentinos en su stock. “Era medio viejita. Imaginate. Cuando ganó los primeros 1500 dólares los quería invertir. Nunca había visto 1500 dólares.” La leyenda cuenta que “el cordobés” fue catapultado desde el barrio a las máximas pasarelas internacionales y no es el único. Oscar Madrazo, director de Contempo, la agencia más importante de México, cuenta que el argentino Ignacio Valenti, imagen actual de la marca Armani desconocía el oficio antes de arribar a la ciudad:“cruzó la puerta sin una foto y lo contraté”, afirma.
“No es por despreciar, pero sí, hay gente que viene y en México dice soy modelo y en Argentina es taxista, o carpintero”, comenta Octavio Pasik, director de ZC.

Sin papeles y sin comer. En un rincón semielegante del Distrito Federal, la Colonia del Valle, está K-sting, empresa que recluta gente para publicidades. Hay brasileñas rubias en el living y argentinas en bikini y argentinos de traje. Mexicanos hay menos. Los extranjeros hablan, los mexicanos no. Está Fabián el tucumano, que trabajó en la novela Sheik con (Gustavo) Bermúdez, que dice que lo tratan mal. “Acá todo el tiempo te hacen sentir que sos extranjero. Lo que pasa es que sienten que uno los viene a usurpar. Es que acá un argentino en un año ya tiene su auto y sus diez mil dólares ahorrados. En cambio el mexicano, gana la plata y se la come. No es que yo me crea lindo, pero uno se peina..., me cuido en el gimnasio, por lo menos me se arreglar”. También para el casting está Daniel, que era mozo en los Arcos del Sol y ahora –previo paso por la escuela Televisa para quitarse el acento- es galán de telenovelas varias e hizo más de 300 comerciales. Su último éxito fue una participación en la novela Ladrón de Corazones, versión “ hecha pedazos” de Poliladron. “Estoy muy agradecido, éste es un país muy generoso”-dice en perfecto mexicano.
“Yo he conocido chicos que en Argentina tenían un puestecito y aquí son modelos –dice Ivonne, encargada de la selección-. En las convocatorias, para todo tipo de productos, más del 60 por ciento de los concurrentes son argentinos. Y son los elegidos, pues, porque son los más guapos”.
En Más Modelos, una comunidad de internet donde se promocionan y se ofrecen servicios al respecto, el director, Juan Carlos González, cuenta que cada convocatoria se llena de argentinos. Cuando cumplen los requisitos legales para trabajar los aceptan. Cuando no, también, pero por muy poco dinero y “ ellos, pues, sin papeles y sin comer, lo hacen”. Según el modelo mexicano Manuel Balbi (25) se puede reconocer a los improvisados por el “look pobre”, y por lo “mal vestidos”. “Pero aún así, hay gente que da el tipo y aunque no saben ni moverse, las agencias eligen enseñarles. Hay que acostumbrarse –se resigna – porque con toda esta gente vamos a convivir”.
“Perdí el book en el avión”, es la excusa general que ponen los lindos no profesionales cuando les piden que demuestren su historia en el modelaje. Y muchos fueron aceptados de todos modos, aunque la buena estrella no fue gratuita. Luego de la gran oleada de compatriotas, la competencia se hizo dura. Los modelos locales no eran seleccionados para los trabajos. Los argentinos afectaban al mercado. Los aztecas decidieron quejarse a los medios.

Efecto Pampa. El año pasado el periódico Reforma –que es el de mayor circulación- llamó así a la cantidad de argentinos en el país y sus repercusiones y habló de invasión. “La crisis que azota al país sudamericano ha orillado a muchos guapos argentinos y argentinas a venir a México a probar suerte como modelo, aunque nunca hayan tenido nada que ver con esa profesión”, publicó."La presencia de modelos profesionales argentinos en México sirve para elevar el nivel de competitividad y los estándares. Pero no hay que exagerar. Ahora están llegando a buscar trabajo muchas personas argentinas que ni siquiera son modelos", aseguraba en esa ocasión Glenda Reyna, directora de Glenda, otra de las principales agencias mexicanas. “Llegan con aires prepotentes queriendo conquistar el mundo”-decía una modelo local, mientras otro remarcaba que los improvisados estaban dispuestos a trabajar por la mitad del presupuesto, y que por eso eran los elegidos.
El alerta funcionó, y la Oficina de Migraciones comenzó a visitar agencias y filas de castings, y decidió volverse más dura con el tramiterío si el postulante a quedarse en el país afirmaba ser un trabajador de la moda. La obtención del permiso para trabajar se tornó engorrosa y ahora es imprescindible demostrar antecedentes en el modelaje para tener la forma migratoria correspondiente. Circularon, incluso, versiones de locales que denunciaron a sus colegas extranjeros que intentaban conseguir trabajos con visa de turista.
Pero este lado oscuro del éxito no fue sólo una cuestión de mercado saturado. Fue, también, un problema de actitud.

“No se reciben pinches argentinos”. La frase estaba en un cartel y fue la respuesta a la arrogancia o a la invasión, o una venganza. No hay foto pero Ceci Gómez, reconocida maquillista argentina, jura, entre otros testigos, que allí estaba. En represalia por el uso y abuso del mundo de la belleza por parte de “los improvisados”, en el último gran evento nacional, Días de Moda, uno de los organizadores, el coordinador Manuel Vera, decidió no tomar modelos argentinos en sus desfiles. Se retiró entonces el 80 por ciento de los caras bonitas.“Nosotros les dábamos prioridad a los argentinos y ellos se aprovechaban, empezaron a exigir cosas que ni Madonna, se pensaban que cuanto más odiosos y exigentes eran mejores, se creían divas”- se justifica Vera. “Eso sí, lo que es indiscutible es que el modelo argentino es superior a cualquier modelo de otra parte. Es una cuestión de raza”.Vera no menciona el cartel.
“No me gusta hablar de nacionalidades”- dice a la defensiva Estela Sáenz, directora de la agencia Shock. “Es que todos somos iguales. Pero los modelos de aquí son mucho más profesionales. Son más tranquilos. Acá vino una generación de argentinos ‘como muy prepotentes’, perdieron el respeto, gente que le das la mano, y te traiciona”. Estela se preocupa por mostrar que en su agencia sí hay mexicanos bonitos. En su muestrario, hay varias chicas y ningún hombre local.
“Yo entiendo- dice Octavio Pasik, el 80 por ciento de los modelos que trabajan en el país, son extranjeros. Se deben sentir como los patitos feos en su propia casa”.

Argentinos dudosos: “Mildred, 20 años, rubia de ojos verdes, modelo argentina, guapísima, complaciente”. El equivalente mexicano del rubro 59 ofrece compatriotas en su variedad. Pero cuando Mildred atiende no pronuncia la ye y no dice “Hola”, dice “Bueno”. Y corta, ante las preguntas. No me deja saber si hizo el curso de Televisa para no tener acento. O si el gentilicio es, dadas las circunstancias, una estrategia de marketing.

Recuadro
Lomos prostitutos
Marco (nombre artístico para la ocasión) es de Villa Urquiza, trabajaba en un banco de Buenos Aires y ahora oficia de acompañante o taxi-boy o “prostituto” como dice él. Eso, además de modelar, con éxito. Tiene un look boliche de Miami, cejas abundantes, el pelo con mechas hacia arriba, musculosa y jeans algo ajustados. Desde la suite donde atiende, decorada con candelabros y soles mexicanos en la turística y cara Zona Rosa, se ve el Ángel de la Independencia, uno de los monumentos símbolo del Distrito Federal. “Así es Argentina –se ríe- primero exportamos científicos e intelectuales, después empresarios, después modelos profesionales y ahora, putos”. Marco tiene 32 años y trabaja cuatro días a la semana, por 150 dólares el servicio.“El argentino pega muchísimo, y si el cliente es alguien de acá les da morbo que seas argentino”, cuenta. Como modelo, tiene trabajo “pero me da fiaca ir a los castings, hacer las colas. En cambio como acompañante no hacés nada en todo el día”. Con la plata ahorrada, ya le compró un departamento a su mamá, en Argentina.
Su compañero de suite, músico, de Temperley, es modelo, también, para pagar su proyecto musical. ¿Vos no te prostituís? –pregunto. “Nada más lo hice un par de veces. Para zafar”-contesta..

BEBER PARA CONTARLA


(Publicado como CIUDAD EN ALCOHOL en la revista Chilango de octubre 2006)

¿Qué bebemos en donde bebemos cuando bebemos? Y sobre todo: ¿por qué bebemos? Invitamos al lector a echarse unos tragos mientras lee este artículo…para poder entenderlo.

Por Ágata Székely


Advertencia: El siguiente artículo ha sido realizado bajo los efectos de una cruda sostenida. Cualquier error de sintaxis, información o enfoque no es mera coincidencia sino efecto de la investigación que nos ocupa.


Manos que se deslizan en mi espalda, dedos que se cierran sobre mi brazo, palmas que aparecen en mis nalgas, ojos fijos en mis ojos, amenazantes pupilas dilatadas, bocas en el lóbulo de mi oreja, alientos cercanos sin permiso: esta nota fue imposible de hacer con el aura intacta.
Existe en sociología un modo de investigar que se llama “observación participante” y que consiste en lo que su nombre indica, en este caso: beber para contarla. Y ya que el alcohol rompe las inhibiciones y obstruye el área del cerebro que dice que tal cosa no se debe, lo que no se debe es ir toqueteando a cualquiera por ahí, y los entrevistados estaban todos embebidos, esta reportera acabó manoseada y despeinada, por decir lo menos. «El super yo (ese policía de la conciencia) es soluble en alcohol», me advierte la psicóloga Carla Pliego, camino hacia un bar.
Disueltos los guardianes internos del orden moral, sean bienvenidos al rito de la borrachera. Las preguntas eran: ¿Hay en el DF una manera peculiar de beber, diferente de la de otros sitios? ¿Está relacionado el monstruo citadino con los litros espirituosos que consumimos explosivamente cada fin de semana? ¿Nos da lo mismo cualquier elíxir con suficiente graduación? ¿Por qué y para qué bebemos?
La búsqueda de respuestas comienza arbitrariamente en el Pata Negra, ombligo condechi del mundo.

1. EN EL ANTRO
CUENTOS DE EBRIEDAD
«Puto. Si no bebes eres puto. Pero no puto-puto. Puto para beber. Mientras más hombre eres, más le entras. Y si tomas cosas raras verdes con popote eres vieja o eres puto. Si alguien toma una piña colada, sabes que es puto.» Joaquín, 33 años, arquitecto, encaramado en un banco mueve su cuba y platica con su colega, Miguel Ángel, que está de acuerdo y además opina que «el alcohol se inventó para que las mujeres feas tengan sexo».
Un caso, las féminas, «porque ellas no entienden la peda —dice Joaquín—. Tienen más problemas con el qué dirán. Te chingan la fiesta. Mi mujer no toma, es la más aburrida del mundo. Es una bronca. Se aburre. Viene a ver gente rara. Pregunta por qué toman. El matrimonio está en contra del alcoholismo. Yo cuando tomo ligo a lo pendejo, rompo mis barreras. Los hombres se ponen una peda y van soltando los pedos. Pero a mí me ha ido mal. Te arrepientes, gastas. Es algo estúpido, pero es divertido».
Alrededor, tal vez conscientes del estigma, no hay hombres absorbiendo nada de colores. La mesera dice que lo que está de moda es la absenta, licor de ajenjo con una graduación alcohólica de 70 grados, un líquido verde que caracterizó la contracultura del siglo XIX y fue adoptado por Baudelaire y otros poetas malditos. Claro que el de hoy no es el mismo que aquel que se prohibió en 1915 por sus principios activos alucinógenos. La nueva versión, que surgió casi un siglo después, no posee aquellos componentes. Sin embargo, la chica de delantal rojo con mirada cómplice presta a tomar mi pedido retoma la leyenda: «Tiene propiedades similares a las de la marihuana», sugiere. Pero no veo a nadie tomando esa bebida, quizás porque no hay ímpetu de escribir Las flores del mal, tomo 2, esta noche. La cuba va ganando por amplio margen.
Un par de chicos que venden seguros beben cubas “en reversa” (el vaso boca abajo sobre la palma de la mano, escurriendo). A las tres de la mañana, si aún existen ganas de seguirla, es necesario un receso comestible. Tacos. En La Crudería, a la vuelta del Pata, se puede comer y seguir bebiendo. Ahí, Marco, Fernando y José, tres amigos de toda la vida, lanzan una ley: «Toda peda pasada fue mejor».
«Bebo porque me caigo de poca madre cuando estoy borracho —ríe José y cuenta una audaz historia de impulso alcohólico—. Era la época cuando internet recién empezaba y como que te metía en un rollo emocional. Un amigo y yo habíamos conocido por chat a unas colombianas. Y un día que habíamos empezado bebiendo temprano, en la comida, decidimos cambiar de vida. A las seis de la tarde nos fuimos cada uno por dos pantalones. ¿Tu vieja? Pues ya me tiene hasta el gorro. ¿Tu trabajo? También. Que nos vamos y nos quedamos a vivir allá. Compramos unas cubas y nos fuimos al mostrador de Avianca. Y ya no había boletos, entonces compramos unos que iban por Ecuador y salían al rato. Desde la puerta del avión llamé a mi esposa y le dije: “Estoy saliendo para Sudamérica, después te hablo”. Nos subimos con una euforia…, pedimos champagne y le contamos a todo el avión que íbamos a cambiar de vida. Cuando llegamos a Quito llamamos a las chavas diciéndoles que íbamos para allá, y nos fuimos a conocer Ecuador en taxi. ¿Qué hay aquí?, preguntamos. “Pues la mitad del mundo”, y que vamos a la bola esa (el monumento a la latitud 0) Y cuando subí, en ese lugar horrible donde no hay nada… fue que me pregunté: ¿Qué hago aquí? Y le dije a mi amigo que yo me regresaba. No me arrepiento, pero creo que debí actuar de otra manera.»
A un lado de José, Fernando, de 39 años, quiere contar una anécdota con croquis en servilletas. Pero su narración es ininteligible, demora unos 40 minutos en desarrollarse y resulta ser una hazaña adolescente, de cuando su amigo Marco le tocó las nalgas a una “vieja” que tenía “un novio de dos metros”. Fernando reflexiona a la distancia
—Ahora, yo pienso, ¿por qué habría de hacerlo? ¿Por agarrarle las nalgas? ¿Por qué me voy a excitar? ¿Por qué me voy a venir?
—Pues porque estaba buenísima —explica el protagonista.
La anécdota tiene más de 15 años y les sigue resultando graciosa.
—Pero cambiemos de tema —dice Marco—. ¿Ustedes cuántas posiciones se saben?

2. EN LA DISCO
FLASHING CON CHAMPAÑA
Un Dom Perignon bien vale la exposición fugaz de los propios pechos. El exclusivo club La Caja, en Las Lomas, arde. El concurso es por una botella de aspiracionales burbujas y ellos y ellas bailan como si estuvieran en una vitrina. El premio es para la pareja más cachonda. Eso significa: la que tiene a la mujer que se deja tocar más. Y como una de ellas no presenta poro sin ser acariciado la contrincante se levanta el top. Rosa chicle como el mobiliario. Dobla la apuesta. Y ganan. Y descorchan, ahí arriba, en el balcón VIP. El paisaje enajena los sentidos. Niñas que bailan semidesnudas. Rosa chicle, rosa barbie, rosa Dior, rosa mexicano. Los que no ganaron champagne toman Bacardi.
¿Una bebida high ad hoc? Rodrigo Peñafiel, gerente de marca del tequila Sauza, aconseja: «si eres trendy y no te quieres arriesgar, el vodka es buena opción. Quienes son ultra exclusivos ahora toman vodkas rusos».
Mucho más al sur y a la misma hora mágica, en el clásico “adulto contemporáneo” Rívoli, en San Jerónimo, la luz de la pantalla de video muestra a Madonna, a Britney, a Michael Jackson, las botellas —predomina el Absolut y otra vez el Bacardi— están a la cuarta parte de su contenido. Las mesas están pegadas unas a otras, micromundos de vasos y cigarros. Estoy encaramada en una silla alta, papel y lápiz en mano. Anoto. Observo. Pero no me doy cuenta, también soy observada. De pronto tengo un mensaje sobre mi círculo de madera anotado en una servilleta. Me lo ha dado un chico de camisa a rayas azules, centímetros a mi lado: «No escribas todo lo que ves. Hay cosas que no son. Hay más allá de lo que vemos a simple vista». Su caligrafía es clara, en azul, redondeada, ortografía perfecta.
Parece demasiado Coelho para ser cierto, pero dicen que el maestro aparece cuando el alumno está listo…, así que aprovecho. Nuestras piernas apenas se rozan pero no hablamos. Respondo en otro papelito:
«Dime algo que esté más allá y no se vea ahora.»
«Lo que piensas, supones, quieres y deseas realmente», se lee en el revés de la servilleta.
«Entonces, ¿porqué estamos aquí?»
«Porque realmente no sabemos dónde buscar.»
«¿Buscar qué?»
«Hay dos tipos de personas en este lugar: 1) los que festejan el amor que tienen, y 2) los que buscan el amor. Parecerá cursi pero el mundo se mueve por poder y por amor. Pero buscar = mediocre. Obtener = ganador. Si ya lo tienes, bien por ti, de lo contrario, deja de escribir y lógralo.»
El espontáneo coach nocturno me dice que se dedica a “parar rayos”. Suena a superhéroe, pero su hermana lo desmiente con un:
—Él vende pararrayos.
¿Podrías estar aquí sin tomar? No, responden unas cinco, 10, 20 personas. Pero queda claro, así en el norte como el sur, lo importante no es beber. Es “lograrlo”. Just do it…, wanna be.

3. EN LA ENOTECA
CATA Y NO CATARSIS
—¿ A qué huele? —inquiere el enólogo Jesús Diez, agitando la copa de cristal en la cata del restaurante Tierra de Vinos, frente a La Cibeles.
Bajo las lámparas cuadradas que iluminan en amarillo leve, las parejas treintañeras, las chicas solas todas de nariz respingada y un par de cuarentones tienen cada uno en su mesa cuatro copas con diferentes vinos. Se trata de que la lengua esté a la altura de la etiqueta. Se espera que el consumo de vino aumente cerca de 15% para este año. Los expertos indican que el crecimiento de la Condesa, y sus implicaciones, han ayudado a difundir la nueva moda del vino.
—¿A qué huele? —repite Diez balanceando el líquido en sentido contrario a las agujas del reloj, porque así se despide más el aroma.
Los presentes intentan la decodificación…
—A estiércol, a tierra húmeda, a silla de montar, a sangre, a eucalipto, a café, a tabaco, a chocolate amargo, a castañas, a vainilla, a chile tostado —la respuesta viene del mismo que hizo la pregunta.
Los alumnos asienten. Luego hay espacio para dudas existenciales:
—¿Qué pasa si se rompe el corcho?
—Nada. Depende de donde estés. Si estás en la plaza de toros le metes el dedo y lo empujas para adentro. Si no, lo quitas con mucho cuidado.
Hay una velocidad específica para verter el vino en las copas. Hay regiones vitivinícolas. Hay dos chicas de moderno traje sastre que piden cita con la peinadora para el sábado en la mañana. Hay, al final, bocadillos.
Cometo un error y me tomo el contenido completo de la copa número uno (del blanco) antes de tiempo: los otros 30 participantes la tienen intacta. Es que Diez había dicho: «Nunca te pones jarra con el vino». Lamento que un profesional tan refinado se entere de la verdad por este medio de comunicación.

4. EN LA CAVA DE PAPI
CONSUMIENDO LAS BOTELLAS
Es un secreto. Es Polanco. Es apenas domingo. Son las cinco de la madrugada. Cuatro horas antes habían tomado la decisión. Atacarían la cava de los tíos de viaje y beberían cual área glamorosa groovie de estudiantes del CENART que son. En copas, por supuesto. Lo desechable no combina con el tapete, los sillones y los ventanales. Con la cumbia sí, claro; ser naco es chido. El pacto es que antes del regreso de los dueños de casa habrá que conseguir vinos iguales y dejarlos en el mismo sitio. Y aquí no ha pasado nada. De hecho, nadie recuerda nada. Si cual secuencia de Memento se hubieran tomado instantáneas de los hechos, se vería que en la primera botella los 15 cuerpos estaban quietos y separados, los ceniceros en su lugar, algunos silencios entre las frases. Él (niño de cabello rizado) atrapa mi mano entre la suya y el sacacorchos, para abrir la segunda: la escena está sacudida y los pelos y las faldas y las expresiones se desordenan, asimétricas. Ella (falda sobre el pantalón, porque es alternativa), por ejemplo, no habla con él. Ni se miran. Él habla de él, de su pintura y de Damien Hirst, del cruel engaño de los wonder-bra. Ella procura que una sombra no le cruce los ojos, porque el chicoquelegusta se fue temprano y sin besarla —chismea alguien—, pero ella pondrá buena cara, se divertirá como una forma de resistencia. A la tercera botella, él se volverá menos verborrágico y más táctil, democrático y prolífico. Tocará mis nalgas y simultánea y sinceramente se disculpará. Querrá bailar y me arrancará el cuaderno donde se toman estos apuntes y ante la negativa, se enojará y sentenciará: «¿Qué quieres, que te diga que te amo? No te amo y así es la realidad. Es duro y es la realidad». Entonces ella, la de falda sobre el pantalón, entrará en acción. «Las chicas guapas no trabajan», me dirá y querrá otra vez quitarme el cuaderno donde registro sus movimientos. Pero en medio instante ambos se olvidarán y comenzarán a bailar. Juntos. Quedan solo ellos en la fiesta. Él bruscamente intentará besarla y ella se curvará para impedirlo, dirá que no cuando él esté a un centímetro, y seguirán en contorsiones repetitivas. Y él irá a los tumbos y en zigzag hasta la cava ajena y abrirá una cuarta. Son estudiantes y es fin de semana. Si fuera miércoles…

5. EL RITO DEL MITO
«Un hombre es más sincero ¿cuando está ebrio o cuando está sobrio?», le pregunto al sociólogo y estudioso de la “nueva masculinidad”, Roberto Corda. «Sobrio miente más que alcoholizado —dice—. Un hombre en sus cinco sentidos está viviendo una experiencia de poder y es más capaz de mentir.» Atención, mujeres de poca fe: ese antiguo rito del “te quiero un chingo” por teléfono a las cuatro de la mañana puede ser verdad.
El rito. El mito. Marieta del Fabro, antropóloga, dice que el rito existe para revivir un mito: «Para que sea un rito, debe tener una constancia, una frecuencia. Un mito es, entre otras cosas, una explicación que formula una comunidad acerca de lo que le sucede o le sucederá». El mito es invisible y se pasea por el inconsciente colectivo. Es un idioma tácito y común.
«Para comunicarte con ellos (los mexicanos) tienes que beber con y como ellos», opina Gonzalo, un actor argentino. Algunos de sus compatriotas entrevistados aseguran por unanimidad que aquí se bebe mucho más. Un chileno dice que, en cambio, acá se toma menos pero nos ponemos más alegres. Un australiano cuenta que en su país la cosa es más “de buró”. Un francés interceptado con dos vodkas en la mano en El Jacalito a las cuatro de la madrugada observa que en Francia se bebe desde la mañana, con el desayuno, pero que acá está “más condensado”.
«El consumo de alcohol en México es explosivo y excesivo. En Europa y Sudamérica está mal visto emborracharse. Aquí te las cuentan con entusiasmo y quien más bebe es un héroe. Y la gente está esperando el fin de semana para ponerse hasta…», dice Federico Cabrera, vocero de la Fundación para Investigaciones Sociales, que estudia desde hace 25 años la relación de la sociedad con el alcohol.
La curva de la estadística muestra el pico de consumo entre la catarsis del viernes y la saturday night fever…

6. EN LA PULQUERÍA
CHAMACOS CURADOS
«Prohibida la entrada a uniformados, militares y menores de edad.» «Prohibido hechar porras, consumir drogas, causar broncas.» «El pulque está más allá del bien y del mal.» Los carteles en las paredes establecen las reglas del juego. También la vela encendida a la Virgen. Miércoles, tres de la tarde, avenida Cuauhtémoc, La Hija de los Apaches. Lo que más hay son redondelitos de quemaduras de cigarro en el plástico de las mesas. Narciso y Goldmundo, de Herman Hesse, sobre una de ellas. Y humo. Entre las sillas apiladas, la rockola despidiendo Intocable y los murales y fotos de boxeadores, llama la atención una pareja: él, de pelo verde corto; el otro él, de largos mechones azul eléctrico, happy punk, fajando a punto de caramelo, sendos mediolitros de curado de avena más caguamas para acompañar. Todos son prófugos de la prepa de al lado, con orientación en Artes Plásticas. «Hay que ser vago», dice Edson, ojos brillantes, que no regresará a clases porque está pedo y se enoja la maestra. Otra mesa reúne a cinco jóvenes con respectivas playeras que dicen “Hazlo Tuyo, PAN”, pero «no digas que somos del PAN —susurran, quienes en voz baja cuentan que militan en ese partido político—. Pero no somos burgueses. Vamos a escuelas públicas», asegura Óscar, que habla y canta Doors a la vez y le da a Marta un cigarro y ella dice «thank you».
La banda toma pulque «porque es más económico y es una raíz prehispánica», dice Rodrigo, o «por una especie de nacionalismo», explica Porfirio. Pero no todos son fieles a la raíz, o al jugo de la raíz. Isaac, de 23, lleva ocho caguamas que ha bebido por ser “una droga sociológica”, y aconseja: «Tienes que difundir lo que pensamos porque los pensamientos hacen que la gente evolucione». Olmo dice que «el rito de beber es igual que el cristiano. Necesitas convivir con un rollo más allá. Algo loco sería beber por beber, a ver hasta dónde puedes llegar. Lo estoy haciendo ahora».

7. EN LA CANTINA
POR DIOS QUÉ BORRACHO VENGO
«Hay que darles el ejemplo, si no, primero empiezan por ahí y después agarran la droga», Juanita, redonda y de delantal, habla de los jóvenes y los tragos, junto a su esposo Uriel, pequeño y de camisa. Ahora es sábado, 17 horas, temperatura 25 grados a la sombra que no hay. Afuera, adelante, flotando, pompas de jabón ingrávidas y gentiles, si algo puede serlo en el torbellino ambulante de la calle de Moneda, a un costado de la Catedral. Y al lado del umbral de las puertas con el cartelito de que el baño es sólo para clientes, el chico del puesto de gillettes pilas calcetines profetiza:
—Ya se van a embriagar.
Adentro hay, en proporción, más gente que afuera. Amontonados en la barra desordenada con bolsitas transparentes de botanas, mesas todas llenas, el tiempo atrapado en las paredes, “Cantina El Nivel, desde 1855”, y caricaturas y diplomas, y platitos de «carne con chipotle, como debe ser, y no cacahuatitos», sonríe satisfecha Juanita, a quien le encanta el Centro Histórico porque “hay de todo”, y lo conoce de cuando viene del oriente, a entregar las ligas de novia que cose. Vinieron en una especie de festejo íntimo, porque Uriel parte en la mañana a Veracruz, con los operadores de maquinaria petrolera pesada. «Tomamos porque estamos solos los dos, delante de los hijos nunca.» ¿Por qué? «Porque si los hijos quieren hablar con nosotros, nosotros les entendemos. Tomamos nuestros tequilitas y sólo tomo en frente de ella. Es que el alcohol hace hablar de las cosas de uno y para contar de las cosas de uno más vale que sea con la mujer de uno», Uriel dice que con sus compañeros no se emborracha y ahora tampoco (aunque las botellas de cerveza y los vasitos vacíos que va retirando el mesero lo desmienten). Quiere “otro tequilita” y se bambolea. «Tu no», frunce el ceño Juanita y, como su marido no le hace caso, me mira cómplice: «Es que al final el hombre siempre pierde más, ¿o no?, siempre pierde más. Ahorita le saco la peda a chingadazos».

8. EN EL BAR DEL SANBORNS
LOS CORAZONES SOLITARIOS
Me siento en una mesa de la esquina al compás de “Penélope” en el piano. Don Joaquín, de 65 años, dice que es «muy de Sanborns al mediodía» y que es habitué de la cadena desde el 58, cuando unos molletes con café costaban 85 centavos. Tiene dos ventanas favoritas, ambas sobre el Jardín Centenario de Coyoacán. Habla solo, al aire del viernes happy hour. El mesero dice que el señor va todos los días y que el Sanborns es así, una especie de Lonely Hearts Club. Don Joaquín lleva hoy ocho París de noche, y son casi las tres. Hay varios hombres solos.
La socióloga Alejandra Alarcón presenta una punta del ovillo: «Hay una cosa de la que habla (el sociólogo) Anthony Giddens y que se llama “indiferencia civil”. Se da en las grandes ciudades, donde no hay sensación de comunidad, como ésta, donde la distancia entre las personas es tan grande. En la indiferencia civil te da miedo todo, y el temor ayuda a que estemos más separados. Nadie se mira a los ojos, porque eso es interpretado como violencia. El alcohol entonces hace de acercador de personas».
Anoto las palabras clave que recogí a lo largo del tour: Relaja. Divierto. Hipnosis. Catarsis. Hermanos. Desinhibirme. Desfogarme. Límite. Ligar. Carnaval. Esquizofrénicas. Última. Viejas. Por si me falta alguna, debo profundizar.

9. EN EL TABLE
DOCTOR, QUE ME DUELE AQUÍ
En el Envidia, tabledance favorito de los médicos de hospital privado, según buenas lenguas, todas las mesas están llenas. Mis compañeros de al lado poseen aún media botella de Jimador y Óscar, cirujano, dice que no está pedo, que nomás a medios chiles. Primero suena Luismi, luego Rebecca, body sweet rojo como disfraz de diabla, baila “Hung Up” sobre plataformas de veinte o quizá treinta centímetros.
—Hola, soy Olga, la boletera, la chica que sea de su agrado… Somos mujeres liberales, ¿o no?
—…
¿Precisarán las chicas de tragos previos a su desnudo para atreverse? Para preguntar en confianza nada como el baño. Sorprendo a una de ellas tampón con hilo discretamente cortado en mano a carcajadas limpias y cantarinas: «estoy peda», dice en su bikini azul y cuerpo de pilates. Pero el resto dice que no, que no bebe. Que «si estás empezando puede ser. Pero los tacones son muy altos y mejor no tomar, por el vértigo». «No nos metemos nada. Bueno, nomás el dedo y somos felices», y se ríen.
Absoluts y redundantes Bacardis hasta que un mesero se acerca:
—El señor de aquella mesa la invita a tomar una copa.
De lejos parece inofensivo. Pero tiene un as en la manga. Como si adivinara que estoy a la caza de historias, resulta, más bien dice ser… torero.
No se me ocurre no creerle, aunque en realidad no lo parece. Bueno, no se parece a Antonio Banderas. A Torero le gusta Kundera, es rubio, ojos verdes, usa lentes, tiene una ligera curvartura en la espalda, es galante pero le falta porte, rondará los cuarenta. Además todos le dicen “doctor”. Pero para qué es la noche si no para activar la vocación de superhéroe, como aquel chico pararrayos… El torero cuenta anécdotas de torero. Que su amigo —un cirujano del hospital ABC, ahí presente— lo salvó de unas crueles cornadas. Asegura que la prueba de su almodovariano oficio está en las cicatrices de su abdomen. Pregunta si quiero ver. No sé. Escribe —manos grandes, blancas— poemas en mi libreta: «Mis ojos nunca están fijos en la incertidumbre/ pero cuando sale el toro/ mi mente y mi alma están fijos en la tarde de mis sueños».
Él invitará todas las bebidas. Llevo hasta el momento dos vodkas tonic más el vino antes de salir de casa. Una chica escultural nos visita pero no nos baila. Le envidio la ropa interior. A las cinco y media de la mañana se acaba el show y Torero dice que conoce otro sitio, a la vuelta. Uno con luz violeta que hace brillar los dientes. Es un after, en la calle Oxford de la Zona Rosa. ¿Bebida favorita? Los meseros dicen que la michelada. Pero en las mesas continúa el Bacardi.
Torero continúa anotando sus versos-aforismos: «El movimiento en el toro es sinónimo de miedo. La quietud es valor».
Tomo otro vodka cual si fuera un yakult. Amanece. Pero eso es afuera. Sorpresa. Están cerrando la cuenta pero nuestro superhéroe, inmune a todos sus tragos, dice: “entonces vamos al otro lugar”.

10. EN EL AFTER
SERVICIO AL CUARTO
El piso, el techo y las paredes están tapizados en azul noche con estrellas fluorescentes pintadas. Este after, a dos casas del anterior, se diferencia porque hay sillones y puertas que se cierran. Habitaciones.
Torero toma otra cuba pero yo no toco mi vodka, estoy absorta en la decoración. Creo que había cuadros con sirenas pero no me acuerdo.
—Disculpe, ¿está ocupada la sala? —la chica, gorda y morena, está en top blanco de encajes y tacones—. Es que voy a hacer un servicio.
Servicio. La palabra de pronto me sacude.
—¿Cómo se llama este lugar? —pregunto al mesero.
—Oxford Lady’s After.
¿Lady’s? No he bebido lo suficiente para disolver mi súper yo. Claro, si lo hace Xavier Velasco en Luna llena en las rocas, es antropología cool de los bajos fondos, pero ¿qué hace una mujer como yo en un lugar como éste?
Él mira las estrellas verde Chernobyl, «amo la estructura de tu espalda», dice Arjona de fondo. Afuera son las 10:20. Nunca fue tan de día. Torero tira la frase categórico y camina lentamente:
—El alcohol no existe, lo único que existe es la soledad.
Algunos de los comedores de los hoteles que dan a la calle despliegan su desayuno bufete. Hay jugo de sandía en el Marquis. Quiero un taxi urgente pero él se opone.
—Tu no te puedes ir. Tu no me puedes dejar solo.
Le digo que se quede tranquilo, que si se siente mal lo acompaño a un café, que mi investigación terminó.
—No —replica—, no quiero un café. Es que tu no me puedes dejar solo. Te lo pido —se arrodilla en la acera desértica y lo levanto.
—No me puedo quedar —repito y me tironea.
—En la tarde te llevo a ver esa película. O llévame a tu casa. Es que no quiero estar solo.
El sol y el sinsentido me derriten las neuronas. Reforma enceguece. Si fuera una película, si fuera un libro cool…
—¿Cuánto quieres?
—Es que no soy prostituta, son las 11 de la mañana, estoy haciendo un artículo.
—Entonces ven, y te cuento que mi vida es una mierda. Y lo escribes en tu libreta. Pero no me dejes solo, lo único que te pido es que no me dejes solo. No me dejes solo.
«Los ritos son necesarios —dijo alguna vez el famoso zorro de El Principito— Un rito es lo que distingue un día de otro, un tiempo de otro similar.» Un mito, en cambio, es algo que espera encontrarse. Como un mensaje escondido en una botella.

***

DR.CHILANGO (o las tetas no hacen la felicidad)


(Publicado con ligera variación en portada de la revista Chilango como "Cortes Finos") en marzo del 2006.

Nadie quiere asumirlas pero que las hay las hay. Aunque de eso no se habla, los consultorios son-operada dixit- una “central camionera”: México es el segundo país del mundo en cirugías estéticas y el DF la capital de la hojalatería humana. Como en la tele pero en las páginas y sin nada que envidiarle a Miami: un tour íntimo, el quirófano desde adentro y las verdaderas razones lipo-aspiracionales. ¿Quién dijo que anatomía es destino?

Por Ágata Székely

Ella tendrá un tubo en la boca y los ojos cerrados con cintas adhesivas, y dos cortes profundos en los pechos, en unos minutos. Y le brotará breve y débil la sangre del ombligo como de una fuente. Y me inquietará que parezca tan muerta, al borde de la autopsia. Pero ahora está hojeando una Ocean Drive, junto a su marido mudo a un lado y golpea la pierna enfundada en pants rosados y tennis, en un tic tic incesante contra las baldosas de la sala de espera. Es el primer piso de la Clínica de Corta Estancia de la Colonia Roma, las luces de un gran árbol de Navidad se prenden intermitentes, hay una máquina de café, y el resto, sillas austeras alineadas, es gris azul y limpio. No llega el sol a la ventana. Ella entrará a preparase para la operación, sin volverse ni decirle nada a él, que leerá inexpresivo unos minutos más antes de platicar con el médico sobre el horario para pasar a recoger a su esposa. Y se irá. Angélica, 37 años, profesora de fitness, morena, pelo corto, cuerpo esculpido por las pesas y el aerobics durante más de 10 años, trasero digno de J.Lo., está desnuda por completo de pie a un costado de la camilla, y el doctor Luis Aurioles la dibuja con un plumón indeleble. Marca donde se harán las incisiones y hacia donde se desplazará el aparato de la lipoaspiración, una especie de taladro con larga y fina punta metálica, la cánula aspiradora. Además habrá una renovación, fuera las viejas siliconas, bienvenida a unas nuevas, más grandes, “ya que estoy” y es que, explica, “el ambiente (del gimnasio) mete mucha presión. Y por eso quiero más seguridad, yo la veo a mi sobrina con su lonja, y ya quisiera yo ser así, segura”
En el otro cuarto, el quirófano, se logrará esa metamorfosis pro seguridad: 200 gramos de grasa amarilla correrán por un tubo hacia la basura: serán casi cinco centímetros menos de cintura, y una talla más de busto. Tapabocas, traje azul lavanda, botas de tela descartable sobre las mías: debo disfrazarme de chica E.R. para entrar. Show time.

¿Quieres ser Miguel Ángel?
“No toque nada azul incluyendo a los doctores”-bromea Rodríguez, el cirujano ayudante de Aurioles. Si esto fuera Nip Tuck, la exitosa serie televisiva de ficción que muestra el mundo de un par de cirujanos en Miami, Rodríguez sería Christian, (interpretado por Julian Mc Mahon) masculino y seductor, con cierto aire machista y conservador, pero rapado, robusto con una enorme panza, quien tiene tiempo de preguntarme si me gusta leer y cuales son mis planes a largo plazo. Auiroles, en cambio, sería el Sean (Dylan Walsh) de la serie, rubio, suave, menudo, con imagen de perfecto padre de familia –aunque aún no lo es-, el cirujano plástico con quien todas se querrían casar. Angélica esta desnuda y anestesiada y el clima es tenso. Asoma su sexo bajo la sábana. Además del dúo de médicos está en la sala el anestesiólogo y su ayudante, y dos enfermeras, con casacas blancas con dibujos infantiles de soles. Como en la serie, también, la música indica el comienzo de la tarea. Es con Arjona la primera incisión: un punto minúsculo sobre la línea entre las nalgas.
“La lipo la tiene que hacer un doctor solo, sino es como dejarle media obra a Miguel Ángel, y media a Boticcelli” –explica Aureoles, que de niño y adolescente siempre quiso ser escultor, pero con la presión de abuelo y papá médicos, esto, decidió, era “lo más parecido”. Escarba. La grasa viaja por tubo transparente y termina pronto porque es poca. Aurioles querría haberla usado para rellenar una leve hendidura en las caderas de hierro de Angélica, pero no alcanza. La enfermera toca la pierna inerte y marca el ritmo de Ale Sanz. No es lo mismo arte que hartar, no es lo mismo ser justo que que justo te va. Y viene lo importante. El recambio. Año nuevo, pechos nuevos.

Ojo de carne.
Los pezones apuntan en diferentes direcciones, algo que debió ser corregido con anterioridad, dice Aurioles que afirma que “el 60 por ciento de lo que llega es reoperación”. Ya existen dos cicatrices de una primera colocación en el busto de Angélica. Un líquido verde sirve para desinfectar el área y entonces huele a carne quemada. Es el bisturí eléctrico, que corta y cauteriza al mismo tiempo. Veo un ojo de carne que muestra las capas, piel, grasa, glándula, músculo, prótesis. Impresiona. Y como descorche suena cuando sacan la silicona amarillenta. Por unos segundos uno de los pechos permanece casi plano, como cuando no había sido intervenido. Uno menudo con un tajo profundo. Otro lleno y estirado. Sacan la nueva silicona de una caja sellada. Transparente y de 360 centímetros cúbicos, deberá entrar por el ojo de carne pequeño y me parece que no será posible y las preguntas se me van compulsivamente de la boca: ¿Eso quieren? (ustedes, los hombres) ¿Eso quieren? ¿Una mujer con dos globos gigantes? ¿Así les gusta de verdad? De pronto me doy cuenta que no solo yo espero respuesta. Ambas enfermeras miran inquisidoramente a Aurioles y Rodríguez. Ellos callan y otorgan. “Que lo que cubre la mano es grano y que lo que la mano no cubre es ubre”- bromeará uno de ellos horas después.
Para el recambio hace falta retirar la vieja cicatriz para que se arme una nueva. Eso implica cortar un pedazo de carne interna y quitarlo, una rebanada fina y flexible -¿porqué pienso en la película Viven? -que también irá a la basura y que recordaré en los próximos días cuando, por ejemplo, me haga un sándwich de jamón serrano. Una de los cortes no para de sangrar y la mirada de Aurioles tiene una sombra de preocupación. Pero todo está bien. Termina con el derecho y pasa al izquierdo. El tiempo con los pechos es condimentado por los grandes éxitos de Cristian Castro y por ahí por eso de tan cerca de tu boca sin poder besarte, tan cerca de tu piel y sin poder tocarte el aire aséptico se llena de melancolía. “Pobrecita”, digo otra vez compulsivamente y ellos me miran con disgusto ¿Porqué pobrecita? En el antro no le van a decir pobrecita.”
Lo que digan, habrá costado 7 mil dólares.
La hora de coser es la hora feliz. Hasta ahora todo va saliendo perfecto y entonces los hombres del quirófano “dejan” que las chicas de amarillo elijan el tema festivo. Es momento de los Kumbia Kings: Mi dulce niño, la ra ra ra ra.
Hay que esperar que Angélica se despierte, recoger el tiradero, y comer. Son casi las cuatro de la tarde, empezamos a las diez.
Un par de veces en el transcurso de la operación, los médicos me preguntan: ¿Y tu? ¿Te la harías? Deduzco entonces que tal vez ellos crean que lo necesito. ¿resistiré la mirada de un profesional?

Dime que no te gusta de mi.
No debo hacer la pregunta. Pero ya que estoy, la hago. El contesta feliz con cara de “si tú lo pides…” pero finge cierta timidez. El interlocutor es el doctor José Luis Romero, presidente de la Asociación Mexicana de Cirugía Plástica. Lo aliento, “dígame, dígame, es para el artículo, usted, ¿qué me cambiaría? Imagínese que debo salir de aquí y ser Miss Universo. ¿Qué me operaría?”. No demora en responder. Creo que hablará de lo obvio. Dos tallas más de pecho. Lo hace. Pero antes dispara: “Bueno…tu tienes una característica en tu mandíbula,…que es ligeramente prominente, necesitas un análisis radiográfico, una medición, valorar tu dentadura…y ver si está dentro de los rasgos que se consideran normales…y lo puedes modificar…con implantes…que se colocan debajo de la piel y le dan a tu cara otra armonía diferente… Los párpados…la gente joven acostumbra desvelarse en una dinámica de vida que se conoce como reventón -¿perdón?-entonces la piel de los párpados sufre con este tipo de situaciones y eso se puede corregir…La nariz la puedes modificar…afinarla más, la proyección de la punta a simple vista se ve bastante bien, por lo tanto lo único que habría que hacer es moldear para que fuera mas delgada pero bien definida…Posiblemente podrían aumentarse algunos milímetros de tu labio superior con colágeno… Habría que revisar implantes mamarios…Algo también que se te podría hacer es el mentón hundido…”¿Como Salma Hayek? “Exacto…”
“Habría que revisar implantes de glúteos…” El doctor es implacable. En un rapto de galantería dice que lipo no necesito. Pero lo contradigo, le digo que si, que debería limarme tres centímetros de cada lado de las caderas. Acepta.
Entonces pasamos a los asuntos prácticos. Romero dice que preciso dos sesiones, todo lo de la cara en una, todo lo del tronco en otra. La del rostro demoraría seis horas, los pechos y la lipo, tres. Lo de la mandíbula me obligaría a sólo alimentarme de licuados durante cuatro a seis semanas.
Costo total, aproximado, 120 mil pesos all inclusive. Y si bien hay muchas que lo pagan –los números son elocuentes, ver recuadro- y pasan por experiencias similares a la de Angélica, pocas quieren hablar y es costoso recoger testimonios. Unas valientes se atreven a platicar.

Colgada como res
Brisia se hizo los pechos, los párpados, el mentón, la cintura, la “no se como se llama, te jalan y te cortan” -se llama abdominoplastia- con lipoaspiración, y las pantorillas, pero la nariz no, porque “no quiero verme falsa”. Lo que sí es que está pensando en “juntar para las pompas”. Ella me citó en el Vips, a la vuelta del metro Cuauhtemoc. La espero mirando los pechos y facciones de cada mujer que entra. Quiero saber si la reconoceré por sus formas intervenidas. En efecto. Jeans esculpidos, tacones por supuesto, camisa azul que se desborda. Llega, sonríe, se acomoda uno de sus largos mechones amarillo L´oreal, y me explica sus razones: “Pues yo soy madre soltera, tengo un hijo de 22 años, luché mucho para sacarlo adelante y me sentía ya muy acabada. Y esto levantó mi autoestima: cuando veo mis fotos de antes y de ahora, veo que el doctor me dio una gran ayuda. Y siempre he tenido parejas mucho más jóvenes, yo creo que también lo hice por eso. Brisia tiene 44 años. Le pregunto de que trabaja, titubea y dice: “la tarjeta dice abogado”. Me muestra una colección de fotos de galanes en su celular. Son varios, jóvenes, look latino internacional: “este es el que se parece a Ricky”, dice. Ella aparece apoyada en algunos torsos musculosos. “Cuando era jovencita estuve en una escuela de modelaje, hice unas películas con Andrés García. Era muy delgada, después me hice horrible, entonces ¿cómo quieres que no me haga tantas cosas?. Como a los 20 años, dejé porque quede embarazada, después viuda, me fue muy mal”. ¿Dolió? “sobre todo la recuperación, que es de 45 días, tienes que andar agachada no puedes levantar el cuerpo por un mes. Pero me gusta sufrir. Te lo juro, ahorita ya esta hecho, si hubiera sabido esos dolores igual me arrepiento.” Algo similar le pasó a Cristina de 34 años, dueña de un kinder en Las Lomas: “Me dolió más el pecho que las pompas y me los hice al mismo tiempo. Le decía al doctor, ¿cómo voy a recuperarme? ¿colgada cómo res? Porque no me puedo acostar ni boca abajo ni boca arriba…Entonces me hicieron un colchón con dos hoyos en el lugar de las pompas y así dormí durante 20 días y todas las noches me tomaba un sedante completo para poder dormir. Hubo días en que no me imaginaba que iba a ser tanto el dolor.” Y da miedo, dicen: “Ya lo piensa uno cuando esta en el quirófano-cuenta Brisia- te empieza a dar como taquicardia y entonces dices…si me voy a morir por cualquier cosa, si me toca, me toca aquí.”
Entonces, si duele y se teme…¿porqué?

¿De quién es esa prótesis?
Cristina dice que ella “me sirve” porque se “hizo toda”. Llega al Sturbucks de Santa Fe y cuenta su aventura en el quirófano. No llama la atención y ropa holgada oculta sus recientes atributos. Usa mucho el verbo “arreglar”: “Me arreglé la panza y cumplo un año de haberme arreglado el busto y las pompas, y también me hice la lipoescultura, pero de la cara fíjate que no me he hecho nada, me da cosa, no me quiero ver como Michael Jackson el día de mañana. Porque se vuelve adictivo. Cuando me hice el busto mi marido me dijo, ¿y porque no las pompas? Es que mis papás no se concentraron muy bien, y quedaron al revés, para adentro, yo era totalmente cóncava. Y fui al cirujano. Ahora llego a cualquier restaurante con mis amigas y me desnudan en el baño. Ya me siento lesbiana, todas me soban las nalgas. El busto me lo dejó precioso, pero yo le dije que me pusiera 235 y me puso 275 en cada una, entonces cuando amanecí me sentía la Ninel Conde. El decía que para mi cuerpo, tenia que ponerme más. Yo era 34 B pero bien, era bustona. Me lo hubiera hecho un poquito menos. Igual estoy muy contenta, no me arrepiento para nada. Aunque cuando me hice la panza, me estiraron mucho y el ombligo no me quedo muy bien, no me gustó. Entonces me lo trataron de arreglar pero es muy difícil que te quede bien el ombligo”. ¿Lo hiciste por ti? “ Yo creo que por los dos, te motiva mucho tener una pareja, si él te dice”me encantaría que tuvieras esto”, vas a ver la manera de hacerlo feliz. Y me quiero sacar (volumen del busto) un poquito, pero él no quiere, dice, pues finalmente son para él.”
Cristina aclara que lo hizo “para mi marido” y no “para agarrarse un ricachón”. Algo que es común, en su opinión.

El síndrome de las divorciadas
Claudia es toda una chica fitness, alta y atlética. Una Barbie castaña, nariz respingada, piernas largas, modos muy amables. A ella si se le notan sus pechos “nuevos”. Llueva o truene, lucirá un escote que muestre, al menos, la línea entre ellos. Y lentejuelas, y cuentas de cristal, y zapatillas con piedras brillantes. Tiene poco más de 20 minutos para mi porque debe llevar a sus dos niños a natación, en algún lugar por Lomas de Santa Fe. “Me operé en un momento muy sexoso de mi vida, estaba haciendo mucho ejercicio, muy guapa, en un gym con instructoras monísimas, todas operadas. Chichis es lo mas pedido, cuando estaba yo en recuperación el consultorio estaba como central camionera.”. Cristina coincide:“Tengo amigas que se lo hacen, por el síndrome de las divorciadas: en el momento que ya cierran el negocio con el marido de cómo va a ser la pensión, como va a ser la venta de la casa y todo, lo primero que hacen es ir a ponerse chichis, todas. Entre los 33 y los 40 se lo avientan. Del colegio de todo mi grupito de 11, las 11 todas están operadas de algo, de busto, nariz, orejas, y panza. La mayoría del busto.”
Pero Claudia, confiesa: “Fue un momento de arranque, de impulso, no de reflexión. Si lo pensara ahora, no me operaba. Fui a mi vecino, un cirujano conocidísimo, y a la semana ya estaba operada. Siempre fui muy natural y de repente esto me rompió el equilibrio, siempre he sentido esa parte postiza y algo postizo te rompe tus canales naturales de energía. Hay una sensación de sentirte a gusto, pero no lo volvería a hacer, la autoestima no está en las chichis. Una vez le dije a un compañero en el gimnasio ¿No te parece un pleonasmo de la vida que lo mejor que tengo es postizo? Y el dijo, “lo mejor que tienes es tu sonrisa”. Y dicho por un hombre, eh.” La reacción de los hombres es un tema crucial. Brisia dice que “me da como cosa estar con alguien, siento que se van a fijar mucho en la cicatriz”. Cristina, en cambio asegura que su vida sexual cambió “no sabes cómo”. Pero a veces no se registran diferencias.

Malos pensamientos
Respecto a la mirada masculina, Macarena, de 33 años, afirma que nada cambió “ni para bien ni para mal”. Ella es “ante todo una mujer de negocios”, cosmetóloga, dueña de los salones Originails donde se hacen uñas acrílicas, delineado permanente, depilaciones, manicure y pedicure spa. Camina con tacones dorados sobre el césped del parque donde hago la entrevista, en la Colonia del Valle. Lleva puesta una chamarra de piel que nunca se quita, blusa color tostado, falda. Es elegante, cuenta : “Hace 8 años me hice el busto y la nariz. Dos años después, me cambié las prótesis porque las que tenía me parecían nada naturales. La segunda vez me puse las tridimensionales, que de frente se ven no tan levantadas, sino más bien caiditas. Decidí hacérmelo porque de familia somos muy nalgonas, era mi trauma estar planita de aquí, y atrás no… pensaba que se me iba a ver más compensado, estético, nunca pensé que se iba a ver demasiado, pero al final de cuentas sí se vio demasiado. La nariz: “mi mamá siempre me decía que de las tres hermanas yo fui la que salió con la nariz de mi papá y como son divorciados no era un halago precisamente. Eso fue, no era ni muy grande ni muy fea ni muy chistosa”. Cirugías pendientes: “Solamente cuando ya sea viejita me quiero estirar, esas cosas son básicas, como tomarte las pastillas de la presión, te toca la cirugía plástica de los 60. Esto me lo pagué yo, estuve ahorrando por mucho tiempo. Estaba emocionada, nunca tuve miedo. Pensé que al llegar a eso iba a ser como si por fin me fuera de viaje, como que fuera a solucionar no se qué, porque no lo hice por ningún problema ni nada, no se por qué pensaba que en el momento de operarme iba a ser…libre. Cuando estaba a punto de operarme, decidí ya no ponerme brassieres con esponjitas, hice un ejercicio de aceptación…y no lo logré.”
Sin embargo Macarena opina: “Esto de las cirugías, me parece que no debería nadie quedarse ahí, hay mucha gente que está, “ya me lo hice y ahora que me hago”, como si eso fuera parte de tomar aire o comer o hacer deporte, y yo creo que es algo que no es tan importante, que si lo traes en la mente y te está ocupando mucho tiempo, pues hazlo, porque te quita energía estar pensando, ¿me lo haré? ¿con quien?, y una vez que me lo haga ¿lo voy a ocultar o lo voy a decir?, yo creo que es como los malos pensamientos, deshazte de ellos ejecutándolos.”
Pero la obsesión con y la adicción a la cirugía es algo recurrente según operadas y operadores.

La cánula en las propias manos
Macarena no pierde el tiempo pensando “en lo que haya quedado mal…no entiendo a las personas que se lo hacen cuatro veces, por ejemplo a mi me quedó la nariz chuequita. No entiendo a las personas que se lo vuelven a hacer, y lo peor es que lo hacen con el mismo cirujano. Lo que no quedó tan perfecto pues, ni modo. Una vez mi ex, cirujano plástico, me contó: “no sabes lo que hace fulanita, se hacía una lipo con anestesia local, y ella le decía con el dedo “ es que aquí le falta”, y el decía “si pudiera me quitaría la cánula y se la haría ella misma”. Una vez le dijo “a ver préstame eso”. Porque estaba desesperada de verdad, iba una vez, otra y otra y nunca quedaba conforme.”
“Conforme” es una palabra clave. Como “segura”. ¿Es necesario se guapa para tener éxito? “Definitivamente no –cree Macarena- Pienso que es mucho mas importante sentirse así, y entonces se lo haces creer a las demás personas. Yo misma soy insegura y veo entrar a un lugar una mujer fea y digo,” mataría por tener esa seguridad”. De verdad eso no se como lo consiguen, no se a que escuela fueron, que padres tuvieron. Daría cinco años de mi vida por ser una persona muy segura y dejar de gastar dinero y esfuerzo en querer ser bella. Hay muchísima inseguridad en las mujeres, y lo chistoso es que son contaditas las que saben lo que quieren, la mayoría, te dicen “ tu sugiéreme”.
¿Y porqué hay tanta inseguridad? “Por ociosas. Si tuviéramos una vida tan interesante sin tiempo para estar pensando en esas cosas, seguramente sería lo de menos.”
Le pregunté, a Brisia, un par de días después, si con todo el dinero que gastó en sus cirugías no hubiera preferido, alguna vez, hacer alguna otra cosa. “¿Cómo qué?”-respondió.

Epílogo
Previously in Dr. Chilango, Aurioles coloca en un sobre el sello de garantía de los implantes de siliconas que reza “Felicidades por este espléndido cambio en su vida”. Angélica despierta de la anestesia, con una especie de corset-faja que sostendrá su piel. Se queda congelada en el desperezo con una mano en un puño. Cuando habla, pregunta con un hilo en la voz ¿ me pusieron las pompas? Le digo que no, que le pusieron pechos. Tiempo después la llamo por teléfono y me dice que se siente maravillosamente y que prefiere no ser fotografiada. De todas maneras no puedo olvidar su herida ojo de carne y las capas internas de sus pechos. La imagen me persigue mientras, minutos después de su operación, me siento a comer con el dúo de cirujanos. Pido bistec para forzar los sentidos. Ellos beben y ya relajados cuentan anécdotas. Que una vez vino uno con una revista Penthouse y pidió a los gritos “¡así quiero que las dejen, yo estoy pagando!” Que una señora llevó a su hijita de 14 y dijo, “doctor, hágale algo, que está muy fea mi hija”(no aceptó, aclara Aurioles). Que tampoco los cirujanos pueden hacer milagros, a lo sumo “De tinaco te paso a boiler”, ríe quien querría ser Miguel Ángel.
Al fin y al cabo, dice, “al octavo día Dios creó al cirujano plástico”.